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Crece inquietud por el giro de Egipto al islam
La influencia del islamismo, tanto en sus variantes más moderadas como más radicales, es creciente en el Egipto pos-Mubarak. El futuro es una gran incógnita.
Los egipcios, cansados de décadas de mala gestión y represión, votaron «verde», el color de la esperanza, pero también el color del islam. Los electores otorgaron a los islamistas más del 70% de los escaños del nuevo Parlamento, junto con la esperanza de una revolución social.
La gente que votó a los barbudos defensores de la «sharia» o ley islámica del partido Al Nur o a los islámicos conservadores Hermanos Musulmanes quieren, en general, una mayor participación del Estado en la vida individual, tanto en cuestiones morales como económicas. Dicho globalmente, menos alcohol, más clases de religión, más construcción de viviendas sociales y cantantes en televisión con velo.
Los partidos islámicos no anularán el tratado de paz con Israel, pero todo indica que las relaciones con el Estado judío continuarán enfriándose.
Sin embargo, nada apunta a ese nuevo comienzo sin corrupción y nepotismo esperado de los nuevos representantes populares. Más bien parece como si en realidad vayan a ser ahora otros sectores de la sociedad los que se beneficien de esas prácticas ilegales.
Las llamadas «juventudes Facebook» que el año pasado tuvieron el valor de hacer frente a la clase dominante, se han quedado con las manos vacías, con el 2% de los escaños en el primer Parlamento que se forma en el país tras la dimisión de Mubarak.
Su fracción es incluso menor que la de los llamados «restos del antiguo régimen». También las mujeres y los cristianos, ahora aun menos representados políticamente que bajo el régimen de Mubarak, están del lado de los perdedores.
Mientras no entre en vigor una nueva Constitución, en cuya formulación trabajará ahora el Parlamento, nadie sabe si será la mayoría legislativa la que vote al futuro Gobierno o si lo hará el próximo presidente del país, que saldrá de las urnas en junio.
Los Hermanos Musulmanes quieren que sea el Parlamento el que decida sobre el Gobierno, pero un diputado del partido Al Nur señaló que sería mejor que no fuera así y que sólo controlara el trabajo de los ministros.
También será decisiva la forma en que el nuevo Gobierno y el futuro presidente quieran solucionar los grandes problemas económicos del país, pues los disturbios de los últimos meses espantaron a los inversores internacionales.
El turismo suponía en sus buenos tiempos el 11% del Producto Bruto Interno (PBI) y el 12,5% de los puestos de trabajo, pero desde el inicio de la «revolución del 25 de enero» el sector ha perdido el 30% de sus ingresos.
Además, después de que el Gobierno de transición declarara el año pasado que no necesitaba ayuda financiera, finalmente ha pedido al Fondo Monetario Internacional un crédito por 3.200 millones de dólares.
Agencia DPA

