6 de noviembre 2009 - 00:00

Crecer o la sensación de un ‘‘cuarto oscuro’’

Sin crecimiento no hay progreso, sin progreso no hay transformación ni evolución. Para que esta transformación suceda y para acelerar el progreso hay que entrar en el laberinto de lo desconocido, lo que se llama la sensación del «cuarto oscuro», el cual se transforma en luz al dar el primer paso. Pero para crecer, primero hay que hacerlo sin enfermedad. El titular de una pyme, Mario, ha decidido transitar el camino de la evolución e invertir en su empresa saliendo de la «zona de confort». El crecimiento y sus problemas lo esperan, pero sabe que no hay otra alternativa que la innovación tecnológica y la inversión. Si decide esperar, puede ser letal para su negocio y en pocos años desaparecerían del mercado.

¿Pero qué es lo que aterra a Mario? ¿Es su negocio? ¿O lo que pueda pasar? Las dos cosas son lo que lo atrapan al mismo tiempo y no sabe qué viene primero y qué pasa después. Dónde están sus prioridades y cómo acudir a ellas sin perder el control de su compañía y menos aún el de su vida. Entender que el desafío a enfrentar es lo que va a hacer la diferencia para el futuro que le espera y para eso se necesita una valentía empresaria muy particular.

Desprotección

Esta situación no es sólo de Mario, es la que viven a diario la mayoría de las pymes de este país. Desprotegidas y muy expuestas por el factor externo, tanto que hasta algunos pierden el sueño. Muy regularmente empresarios a altas horas de la noche siguen pensando sobre su empresa y su futuro, ya que ponen «todo lo que tienen» en juego.

Así, hay que observar y tener en claro varios elementos. Primero, los acontecimientos externos o exógenos van a suceder y hay que tener conciencia que éstos sucederán independientemente de lo que los empresarios hagan con sus empresas. Para lo cual sólo hace falta estar bien preparados y no pelearse con la realidad. Segundo, lo único que éstos pueden controlar es lo que sucede adentro de su empresa a lo cual llamamos factores endógenos. Para esto es necesario pasar por el proceso de «involucrar y articular». Trabajar sobre estos últimos no es cosa sencilla y en buena medida deberíamos repasar qué es lo que inevitablemente hay que tener en cuenta para una «aceleración y crecimiento exitoso».

Ante todo, la estructura y el personal de la compañía tienen que estar preparados para este salto. «involucrar» es parte de la incorporación cultural del nuevo proceso en todos los agentes que conducen a la organización. Si esto está plasmado como corresponde y claramente comunicado, parte del camino del cambio está en marcha.

Luego, es importante «no poner el carro delante de los caballos» y tener el mercado y al cliente comprometidos en este nuevo proceso. A menudo las empresas se arman técnicamente sin saber y tener claro si el cliente está consciente del cambio que se viene. La «articulación» comercial es la base para sostener el proceso del cambio y la innovación. Para eso siempre primero se recomienda tener del propio lado a los clientes y la firme intensión de ellos de apoyar. Luego sí se debe encarar el aspecto tecnológico y la nueva empresa que se proyectan. Finalmente, los recursos financieros tienen que estar alineados. Para esto es necesario «involucrarse y articular» un compromiso de caja serio. Y no sólo los movimientos de «cashflow puros», sino de imprevistos y necesidades que siempre surgen y no se pueden controlar. Entonces nos encontramos que a veces para que las cuentas cierren, se hacen cosas sencillas «excelizando» el proyecto. Esto quiere decir que como la planilla de cálculo aguanta todo y no nos pregunta si nuestras bases y fundamentos tienen criterio, convalida lo necesario para que el proyecto pase el filtro y las cuentas cierren.

De esta manera es fundamental tener en claro que para «acelerar y crecer» es necesario «involucrar y articular» los pilares base de la organización, facilitando un control importante sobre el nuevo y apasionante proceso que se espera del empresario y su proyecto.

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