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Cristina con empresarios les pidió a bancos más crédito
Cristina de Kirchner pronunció un extenso discurso ayer, en el almuerzo que se organizó en Olivos para recibir a empresarios. La Presidente compartió la mesa con Jorge Brito y el gobernador Juan Schiaretti.
Además, la mandataria les pidió a los banqueros que «den más créditos» en medio de un monólogo que se extendió durante casi dos horas, en el que -con el auxilio de un «power point»- desgranó los éxitos y aciertos de la gestión de su marido y de ella misma. «Si no nos hubiera ido tan bien en 2003-2008 no habríamos podido resistir tan bien 2009», aseguró.
Uno de los datos más llamativos del encuentro fue la presencia del secretario de Comercio, Guillermo Moreno, quien fue sentado en una mesa del fondo, lejos del titular de Economía, Amado Boudou. Varios de los presentes comentaban la extrañeza que resultaba de la invitación al controvertido funcionario.
A pesar de que -según opinaron varios participantes del encuentro- la Presidente no retó a nadie y mantuvo en general un tono cordial, no dejó pasar la ocasión para recordarles a los empresarios lo bien que les había ido en los últimos seis años. Para eso exhibió gráficos con lo que habían pagado de Impuesto a las Ganancias varios de los sectores de la economía (el campo, el químico, las automotrices, etc.).
Agregó que «ya no se debería discutir la necesidad de tener un mercado interno fuerte: la clave de hoy es un mercado interno fuerte, sostenible, con la demanda agregada para que ustedes puedan vender porque sin consumidores no hay capital».
Ayer la mesa principal no fue redonda sino del tipo «imperio»: una fila de asientos a lo largo de una tabla que enfrenta al resto del salón. La mesa «imperio» estuvo ocupada esta vez por Luis Betnaza (Techint) y Jorge Brito (Banco Macro, ADEBA), que flanquearon a la Presidente. El resto de las sillas se destinaron a los gobernadores Daniel Scioli (Buenos Aires), Jorge Sapag (Neuquén), José Alperovich (Tucumán) y Juan Schiaretti (Córdoba), junto a los empresarios Enrique Eskenazi (YPF) y Roberto Urquía (Aceitera General Deheza).
En las demás mesas se acomodaron -entre otros- Javier Madanes Quintanilla (Aluar), Viktor Klima (VW), Sebastián Bagó y Pascual Mastellone (La Serenísima), que compartieron el almuerzo con un retraído Néstor Kirchner.
También estuvieron Eduardo Elsztain (IRSA), Marcelo Mindlin (Pampa Energía), Aldo Roggio (Grupo Roggio), Alfredo Coto, Daniel Fernández (Carrefour), José Ignacio de Mendiguren (indumentaria), Carlos de la Vega (Cámara Argentina de Comercio), Carlos Enrique Wagner (Esuco, Cámara de la Construcción), Carlos Torres (Ledesma; Federico Nicholson, designado por el dueño Carlos Pedro Blaquier, sufrió ayer la pérdida de su padre), Ernesto Gutiérrez (Aeropuertos Argentina 2000) y Osvaldo Cornide (CAME). Sin embargo, las ausencias en algunos casos fueron más significativas que muchas presencias. A los nombres ya adelantados el lunes (Paolo Rocca de Techint, Gregorio Pérez Companc de Molinos, Luis Pagani de Arcor, el propio Blaquier) se sumaron ayer Eduardo Eurnekian, Cristiano Rattazzi y Jaime Campos, presidente de AEA.
Cada una de estas ausencias tuvo un motivo diferente: Eurnekian estaba de viaje y no regresó al país para el almuerzo con Cristina; en cambio el presidente de Fiat Argentina fue desinvitado por un funcionario que lo llamó para «sugerirle» que no concurriera, habida cuenta de que sus declaraciones sobre la inflación y los salarios no habían caído bien en el Gobierno. Finalmente Campos informó -ante un llamado de este diario- que nunca fue convidado al ágape, pese a que -esta vez, a diferencia de lo sucedido en diciembre- las cámaras empresariales fueron participadas del evento.
Tras un cóctel de recepción, el almuerzo y el discurso de la Presidente, se abrió la lista de oradores, lo que resultó casi una paradoja: quienes tomaron el micrófono habían sido predesignados, y nadie más que los cinco que hablaron pudo hacerlo. Obviamente se buscó -y se logró- evitar discursos críticos o que alguno de los presentes planteara los temas que verdaderamente les preocupan (inflación, salarios, financiamiento de las actividades productivas, ley de accidentes de trabajo, etc.)
Así, el constructor radical de Chascomús Gabriel Romero (Ferrovías/Hidrovías), el metalúrgico Juan Lascurain, el transportista Luis Morales, el productor de limones tucumano Daniel Lucci y el autopartista rafaelino José Luis Basso se «pechaban» para elogiar los logros del Gobierno.
Hubo en sus discursos no pocos momentos de humor involuntario (como cuando Basso dijo que los chinos iban a dejar al planeta sin acero), o cuando Lascurain aseguró que los salarios «no eran un tema a considerar cuando se decide una inversión, sino el consumo». Sin embargo, el más gracioso fue cuando Lucci explicó las bondades del biodiésel, que también produce en Santiago del Estero; Cristina de Kirchner, seguramente sin maldad, le recordó «cuando usted me pidió por favor que no sacara nunca las retenciones porque se fundía...».
Luego de casi cuatro horas en Olivos los empresarios se desperdigaron con la certeza de que todo había sido discurso, almuerzo y foto, y se marcharon con los mismos problemas con los que habían llegado.


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