29 de marzo 2010 - 01:41

Cristina no quiere candidatos (anti-K) en la mesa de Olivos

• Gobernadores «amigos» y excluidos. Una foto del reparto. Carpetazos. Los otros

Cristina de Kirchner, Daniel Scioli, Jorge Capitanich, Manuel Urtubey
Cristina de Kirchner, Daniel Scioli, Jorge Capitanich, Manuel Urtubey
Sólo para fieles, una categoría que para el matrimonio K es sinónimo de sometidos, Cristina de Kirchner abrirá hoy Olivos, al mediodía, con un asado mano a mano del que fueron, expresamente excluidos, los gobernadores que no veneran el proyecto oficial.

Una mesa chica, con 18 sillas, para la Presidente, su marido, los ministros Amado Boudou, Florencio Randazzo y Aníbal Fernández, y los mandatarios peronistas «amigos» más los radicales, todavía K, Gerardo Zamora, Miguel Saiz y Maurice Closs.

Se discutió, la semana última, si la convocatoria podía ampliarse pero, al final, Cristina avisó que no aceptará, al menos en esta instancia, a gobernadores críticos que, además, estén en la carrera de 2011 como Mauricio Macri, Mario Das Neves, Alberto Rodríguez Saá y Hermes Binner.

«Con los gobernadores que son candidatos a presidente no se puede hablar porque lo único que les importa es hacerle daño al Gobierno», avisó, ayer, un ministro.

En cambio, casi como si fuera una cumbre del PJ, la mandataria y su marido aceptarán que los visiten otros gobernadores con pretensiones para el 2011 como Daniel Scioli, Jorge Capitanich, José Luis Gioja y Juan Manuel Urtubey. En teoría, se trata de «postulantes» propios. Otros, como Celso Jaque (Mendoza), Sergio Urribarri (Entre Ríos) y Gildo Insfrán (Formosa), por citar tres casos, forman parte del pelotón oficial por pertenencia directa al PJ. Algo más: se espera al cordobés Juan Schiaretti, que no estaba en el país y prometió asistir si llega a tiempo.

Afuera, quedaron Fabiana Ríos (Tierra del Fuego) y Ricardo Colombi (Corrientes). Este último avisó, el sábado, que estaba dispuesto a ir pero el Gobierno prefirió dejarlos para una próxima cumbre. Quizá, cuando ocurra ese encuentro, Cristina acepte «compartir» un almuerzo con críticos como Macri, Das Neves o Rodríguez Saá.

Hay una explicación más simple: la Casa Rosada quiere «blindar» el espacio K para reforzar, a través de los gobernadores, el bloque oficial en el Congreso como última trinchera, antes del veto, a la reforma del impuesto al cheque que impulsa la oposición.

Parece, a priori, una batalla perdida. Un caso: Walter Barrionuevo, el gobernador de Jujuy, no puede dar garantías por cómo se moverá Guillermo Jenefes, uno de los senadores del PJ que deslizó que está dispuesto, con condiciones, a avalar la modificación al impuesto al cheque.

Con Jenefes ocurre algo similar a lo que pasa con el pampeano Carlos Verna: despegó de su gobernador y pide negociación directa con la Casa Rosada. La complicación surge cuando no está claro qué puede tener Olivos que seduzca a esos dos senadores.

Aunque se promete una charla cordial, mano a mano, casi amigable, el libreto que prepara la Presidente apenas si contempla objeciones menores, laterales, al mecanismo con que el Gobierno, desde Kirchner en adelante, repartió fondos entre las provincias.

Este mediodía, Cristina recibirá a los mandatarios, con una minuta de los fondos que giró a cada una de las provincias, de los gastos extras para financiar el sistema previsional y los recursos destinados a refinanciar los pasivos de los estados provinciales.

Un dato que la anfitriona tirará sobre la mesa: por precoparticipación, para seguridad social, el Estado nacional retuvo 19 mil millones en 2009 pero en el mismo año aportó 29 mil para pagar jubilaciones, moratorias previsionales y cubrir déficit de cajas provinciales.

Más simple. Los Kirchner no están dispuestos a aceptar, menos de los gobernadores aliados, un plan de modificación del esquema de reparto de fondos. Es más: la propuesta de cambiar la ley de coparticipación que en algún momento lanzó Kirchner entró en un previsible sopor.

No sólo, el matrimonio, no está dispuesto a soportar «fuego amigo» sobre el manejo de los fondos. Los Kirchner esperan a su visitantes montados en una teoría de microclima según la cual en el ánimo social comenzó a sufrir daño la imagen de la oposición.

El leve repunte de la imagen de Néstor y Cristina, registrado por algunas encuestas, desata hipótesis febriles sobre el retorno del operativo 2011 que hace dos semanas parecía descartado cuando el ex presidente habló de potenciales herederos.

De Olivos, los visitantes, saldrán con otra información: allí escucharán la versión sobre uno de los camaristas mendocinos que fallaron contra la Ley de Medios, su vínculo con un empresario que fue funcionario y su supuesta intervención en un escandaloso episodio de migraciones.

La tendencia a los carpetazos de Kirchner se potencia en momentos críticos. Este lo es. ¿Usarán esos datos que juntaban ayer en Gobierno para avanzar sobre los camaristas? Pura incertidumbre.

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