19 de diciembre 2008 - 00:00

Cristina no resiste la tentación del pelirrojo

Cristina no resiste la tentación del pelirrojo
Alguna razón, o emoción, trata de transmitir Cristina de Kirchner con cambios, ya no en el vestuario -que viene repitiendo para alejar las críticas- ni en las joyas, sino en el cabello, en constante -aunque leve- transformación hasta ahora. Pero, si sigue así, bastará un pote más de tintura y próximamente la Presidente se convertirá en pelirroja. Ya pasó por las extensiones, algún reflejo, un poco de desmechado y rebajes; ahora le toca al color. Insiste en subir el tono cobrizo luciendo una melena anaranjada.
Esta semana apareció en escena con el pelo retocado por el colorista en violeta berenjena y reflejos casi púrpuras. Como un intento por seguir la tendencia de muchas famosas de Hollywood entregadas a los colorados.
Y hay que recordar que la paleta de rojos y anaranjados en la cabeza es asociada a la sensualidad y por eso ya en los años treinta cuando las famosas aparecían luciendo esos colores, se hablaba de los tonos del pecado. Rita Hayworth, desde los avisos de «Gilda», atizando el mito sexual de las pelirrojas. La actriz Jean Harlow teñida de colorado para personificar a una trepadora en el film «La Pelirroja».
Cuestiones de la moda, en los años noventa volvió a imponerse el look cobrizo de la mano de Nicole Kidman (una de las precursoras de la tintura morada de la nueva era), Susan Sarandon, Julia Roberts, Madonna, Kate Winslet, Julianne Moore y Judy Davis, seguidas por las locales Lucía Galán, Romina Gaetani, Claribel Medina, Andrea Politti, Viviana Canosa, Catta Spinetta, Nancy Dupláa, Andrea Pietra, Nacha Guevara, Natalia Oreiro, Ethel Rojo, María Pryor, Karina Mazzoco y hasta la ex de Solá, Teresa Fernández González se animó al cabello estridente.
De todas formas, las mujeres buscan innovar cuando empieza un año nuevo y en general el peinado es la primera herramienta a la que se recurre. Pese a que el tono rojizo sienta bien en las cabelleras de las celebridades, distinto es el estilo cuando se trata de una mandataria. Si bien casi todas las argentinas al menos una vez en la vida se animan a pertenecer al club de las pelirrojas aparentes (en estas latitudes es raro ver una genuina), este tono no es para cualquiera. Hay que disponer de una tez compatible, porque de otro modo el colorado endurece los rasgos. Es el caso de Cristina de Kirchner. Pese a las súplicas de sus asesores para que conserve los castaños, ella insiste en ese tono que le quita luminosidad y frescura al rostro. Lograron convencerla durante la campaña presidencial de adoptar la paleta de los chocolates, pero una vez asumido el cargo volvió a lo que pareciera es su pasión: el cobrizo.
Mes a mes fue subiendo la luminosidad del castaño hasta terminar por lograr ahora el mismo colorado de su época de senadora, a riesgo de transformarlo en un naranja, complicado para su piel y su look.
De todas maneras, hay que reconocer que el carmesí en la melena de la Presidente se complementa con su look barroco y combina perfectamente con ese intento permanente de la dama por lucir ostentosa. Claro que no es la imagen ideal que debe llevar una mandataria.
«El rojo es el color físico por excelencia, está relacionado con el elemento fuego, la esencia de la energía, y controla el centro glandular del cuerpo, que se encarga de la fuerza vital y de las funciones orgánicas. Es el portador de las pasiones humanas más vehementes», explicó a este diario Adriana Vázquez, diseñadora de indumentaria y vestuarista de celebrities locales como los integrantes de la Bersuit Vergarabat, Andrés Calamaro, Javier Calamaro y Teresa Parodi.
La especialista coincide con que el cambio en la cabellera presidencial no es casual. «Los tonos pelirrojos son fáciles de llevar. El color rojo en el cabello cargó a lo largo de la historia con diferentes connotaciones. Es asociado con la obstinación, el temperamento, y con fuerza de carácter», afirma la dama y agrega: «los psicólogos acuerdan que el look pelirrojo habla de una mujer que está segura de sí misma, a cargo de su vida y que está orgullosa de su sexo y su sexualidad».
En la antigüedad, a las pelirrojas se las consideraba brujas y por eso eran quemadas en la hoguera. María Magdalena, por caso, fue siempre asociada a una «pecadora». En la Edad Media, el concepto no había cambiado: a los colorados se los vinculaba con el diablo.
Para Vázquez «es atinada la selección de la Presidente en su peinado para destacarse ante una sociedad donde predomina el género masculino en la conducción. Su actitud, su fuerte personalidad, son símbolo de grandes dotes de mando y buenas virtudes estrategas».

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