18 de junio 2009 - 00:00

Cuando la sobriedad hace la potencia

«Visita inesperada» relata con sutileza inusual el encuentro entre un amargado profesor de Economía (admirable Richard Jenkins en su primer protagónico) y unos jóvenes inmigrantes ilegales.
«Visita inesperada» relata con sutileza inusual el encuentro entre un amargado profesor de Economía (admirable Richard Jenkins en su primer protagónico) y unos jóvenes inmigrantes ilegales.
«Visita inesperada» (The Visitor, EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir. y guión: Tom McCarthy. Int.: R. Jenkins, H. Sleiman, D. Gurira, H. Abbas.

La «revelación» del sempiterno secundario Richard Jenkins en su primer protagónico, como el reciente viudo y por completo desangelado profesor de Economía de Connecticut Walter Vale, es lo que más se le alabó siempre a esta película de 2007, además de poner a este gran actor, por primera vez también, a las puertas del Oscar. Con razón, ya que todo lo que deja traslucir detrás de su máscara impertérrita es admirable. Pero no es lo único.

El guión de Thomas McCarthy, otro actor de reparto menos conocido que Jenkins, pero por lo visto con mucho para dar como guionista y director, es un modelo de sobriedad, empezando por el título, «El visitante» -contrariado por el local «Visita inesperada»- que define en dos palabras la actitud frente a la vida del protagonista. Luego, hay que ver cómo presenta al personaje y lo hace encaminarse hacia el encuentro con gente muy diferente, en el marco del siempre espinoso problema de la inmigración en Estados Unidos; sobre todo, después del 11 de septiembre.

Cuando el espectador tiene ya caracterizado a Vale, gracias a unas pocas certeras pinceladas (generalmente se lo encuadra de costado, por ejemplo), todo lo que pasa después es perfectamente posible, por más inverosímil que pueda parecer en otro contexto. Esto es que, enviado a dar unas conferencias a Nueva York, el profesor encuentra el departamento en el que había vivido con su mujer ocupado por una pareja de jóvenes inmigrantes, a los que, porque él es como es y por una serie de circunstancias atenuantes, les permite quedarse temporariamente. Y acá entran a jugar otros dos intérpretes bien elegidos y mejor dirigidos por McCarthy: Haaz Sleiman y Danai Jekesai Gurira.

La convivencia y el intercambio resucitan a Vale, literalmente (el proceso es una suma de datos apenas perceptibles en el rostro y el cuerpo de Jenkins, a tal punto que uno espera oír el crujido de su coraza al resquebrajarse), y le hacen hacer cosas insospechadas. Mientras tanto, alrededor e incluso entre los forzados convivientes, se manifiestan de un modo u otro la desconfianza y la paranoia. Hasta que esa realidad irrumpe, el muchacho de la pareja es arrestado por ilegal, y la llegada de su madre (la formidable actriz israelí Hiam Abbass) termina de sacudir la abulia del dueño de casa.

Así como se ha destacado el trabajo de Jenkins, mucha crítica despreció la manera en que McCarthy expone la política de inmigración en Estados Unidos. «Autocrítica culposa» es la idea favorita al respecto. La explicación es que ése no es el tema, sino la transformación de un individuo mediante el reconocimiento del otro semejante debajo, en frente, al lado de la diferencia. Además del final de la película, hay un par de detallecitos innecesarios, es cierto, pero son detallecitos que nada le hacen a un relato sencillo y por eso mismo atrapante y emotivo y esperanzador también, sí. Por qué no, por otra parte.

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