3 de noviembre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Nada puede ocultarse por mucho tiempo en el mercado. Si sale a comprar bonos una entidad oficial, se sabe al poco rato. Si el Central apuntala al dólar, otro tanto. Y si en algún momento alguno de la ANSeS se empieza a entretener -si sale la ley, claro- con mover la cartera de acciones que se va a apropiar el gobierno: de inmediato habrá de trascender. Pero, el mayor peligro en que a estos funcionarios les importa un comino qué puede suceder con el mercado de oferta pública. Dicen, sin ningún recato, que «eso, no es un problema nuestro». La Bolsa está en sumo riesgo siendo lo que es símbolo puro del capitalismo, del andar privado, teniendo de posibles poseedores de muchos porcentajes de sus empresas cotizantes. A los que creen que una Bolsa es un enemigo, o poco menos, de la sociedad.

Con todas las falacias que se han echado a rondar en las reuniones, tratando el tema de AFJP, sin siquiera conceder que frente a la crisis mundial y con semejante menú incorporado: no había modo de «cumplir con los objetivos», cualquier posibilidad puede tener asidero. Si es que ese paquete de grandes tenencias de acciones, pasa al manejo de la órbita oficial. Lo mejor que pueden hacer estos verdaderos novicios de los mercados, algunos de ellos creyendo -de verdad- que se asiste a la muerte del capitalismo en el mundo, es repasar notas de los años 70, cuando la operatoria de Banade y Caja de Ahorro, sacándose de encima la colección de acciones que había acumulado el estúpido invento del IMIM de la primera época del peronismo generó un desastre en la Bolsa con sus torpes incursiones.  

Alguien nos decía que no vendría nunca a la plaza diaria a descargar esas acciones, sino que verían de colocarlas en las empresas emisoras. En aquel momento, después de destruir lo que quedaba de mercado tras el estallido del «boom» de 1976, pasaron a la «frase II» y que fue la de ofrecer -en licitaciones- las tenencias empresarias. ¿Qué hicieron los grupos de control? muy sencillo: ayudaban a deteriorar el precio de mercado, para después ganarse la licitación a precios viles. Habrá que cuidar, de al lado, lo que pueda hacer la ANSeS, si sale la ley, porque el titular no tiene la menor idea de lo que significa un mercado bursátil. O lo sabe, pero quiere quedar bien con el discurso en contra del capitalismo, y cualquier movimiento que de allí parta: resultará un peligro implícito para la plaza.

Tanto declararse como vendedor diario permanente, o querer colocar las tenencias en bloque, resultan dos mecanismos que -inevitablemente- le pegarían de lleno al equilibrio del mercado. Deberá estar atenta la entidad bursátil: puede haber ignorantes, con poder, armando desastres.

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