Realmente, no es sencillo poder llenar una columna diaria bursátil, cuando por más rodeos que se puedan dar hay que caer en más de lo mismo. Tal como les debe estar pasando a los profesionales en el mercado, o a los inversores que quedan en el circuito. Debiendo masticar el mismo gastado pan, de índice que se balancea como el viejo farol de las barreras. Un día hacia un lado, el siguiente hacia el otro, una base de negocios que baja en su cota como el río Paraná. Y un piso de mercado que se resquebraja, por la sequía al que viene siendo condenado. Solamente la Comisión Nacional de Valores le ha puesto condimento en estas semanas, con dos apariciones que sorprenden por su dureza. Tanto el arremeter contra una ya extinguida -en lo bursátil-Acindar, imponiéndole una multa abultada y basada en argumentos sobre la forma de presentar su oferta pública de salida. En días pasados, al introducirse en el caso de TGN y cuando el asunto ya estaba bien candente ante la intervención -insólita-de funcionarios oficiales, con la excusa de que «se ponía en riesgo el servicio». Se puede expresar beneplácito que, por fin, la CNV muestre semejante celo en sus funciones y que trate de recobrar el espíritu para la que fue creada, casi nunca puesto en práctica, ni cuando todavía poseía autarquía. Perdida hace unos años, quedando como simple resorte del Ministerio de Economía.
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Estos dos casos testigos, apareciendo con reciedumbre desacostumbrada, quedarán también como antecedentes. Imponen la obligación de ser también diligentes y recios, frente a otras situaciones. Recuperar también el poder de policía, con presencia en las asambleas societarias: tarea básica que, un mal día decidieron delegar en la Bolsa aduciendo «falta de presupuesto para cubrirlo» (no estos directivos, quede claro).
Por ahora, la CNV ha resultado ser la única «nota de color» en estos primeros pasos de 2009, que vienen mostrando el intenso color gris de un mercado que no puede salir de la monotonía. La motivación para estas apariciones pueden responder a querer darle mayor eficiencia a la tarea del organismo, lo que resultaría un buen logro para el sistema. O bien, dos simples apariciones desconectadas, que solamente queden en la raleada estadística de intervenciones ocasionales y que, después, cedan paso a largos silencios. Nos gustaría oírla más a menudo, inclusive con propuestas prácticas para sacar al sistema de su varadura y alertando sobre el desvalido estado actual.
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