10 de febrero 2009 - 00:00

CUPONES BURSATILES

Tal como está el mundo, un pronóstico del Fondo Monetario que nos sitúa en 2009 «sin crecimiento» no suena tan mal, después de todo. Hay países a los que les auguran un «menos aire», o cifra por el estilo, así que no crecer (con todos los propios desaguisados que cometemos internamente) cada vez parece ir sonando mejor. Como después de darse a conocer tal estimación, no saltó con furia ningún puntero oficial a combatirlo hay que dar por cierto que al Gobierno, también le seduce la melodía. Y que si se cumple, podrá extraer sus dividendos políticos, por simple comparación. Oír a la Presidente decir que: «Hemos resistido la crisis, mucho mejor que países más desarrollados. Y esto, claro, demuestra lo brillante que somos...».
Hay un solo problema, no menor, y es que lo que se anima a arrojar el FMI no pasa de ser un pronóstico gratuito. Estimando sobre aguas que se agitan de manera permanente y donde nadie -seriamente- puede llegar a un resultado anticipado, a esta altura del año. Sólo puede desearse que no le hayan errado por mucho, si es que no le pegan al centro del blanco.

Si lo dicho fue simple producto de la famosa «proyección», es todavía más inestable y dudoso el número.

Porque ese tipo de videncia, se la ha sufrido en lo bursátil con consecuencias desastrosas. Como era el tomar un período de una empresa, su trimestre, y «proyectarlo» a un ejercicio completo. O a mucho más también, debiendo presuponer que «las condiciones se mantengan estables en el tiempo». Se utiliza como un artilugio, cuando el «precio/utilidad» de un papel se iba hacia las nubes, se emparejaba con los supuestos resultados a obtenerse encalmando la relación. Y dándole un recorrido extra artificial, a la acción que se pasaba de madura (y gritaba que había que venderla).

Si hay una seguridad actual, es que todo permanece en movimiento continuo en las economías. Y la condición futura resulta un jeroglífico, imposible de definir a unos meses vista.

Quienes anticiparán lo que pueda llegar, serán los índices bursátiles. Así como lo han hecho con la crisis que después sobrevino, mientras Paulson lo adjudicaba a un simple problema financiero. Las Bolsas y su condición de «adelanto» estarán alertas, para dar la buena noticia de que la tormenta va a ceder. Y lo harán un cierto tiempo antes de que se vea en las economías. Prestarle más atención a ellas, que a los «gurúes» que lanzan pronósticos, es buena receta.

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