Por lo menos medio centenar de bancos, que habían sido anotados para recibir sustento fresco del salvataje implementado en Estados Unidos, decidió borrarse de la nómina. La razón: que no desean correr riesgos de que se les impongan normas, por motivo de recibir dinero del Estado.
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Una buena postal y que pinta de cuerpo entero que no hay vocación, a menos que resulte imperiosa necesidad, de entrar en un régimen de controles más estrictos, por parte de los que han sido responsables directos de la crisis actual.
A ninguno le agrada que le quieran refrescar las tareas de un banquero «de raza», con limitaciones a lo que pueda hacerse desde una institución bancaria, a pesar de haber visto el terrible cráter que se abrió bajo los pies en estos dos años. Y hay en esto un primer problema, por mejores intenciones -inocentes algunas- que pueda manifestar el gabinete de Obama. O se realiza bajo un sistema riguroso, donde no caben las oposiciones, o es probable que muchos de estos llamados «banqueros» estén esperando por montar otro tipo de fiesta, con otros activos a utilizar.
Por otra parte, en el Foro de Davos, un funcionario nigeriano dejó fríos a todos. Porque mencionó que en su país los bancos son tanto seguros como rentables.
Cuando reveló el secreto, en Davos parece que se quedaron pasmados: es que en Nigeria, si un banco se va por la rejilla, sus directivos deben responder con todos sus activos. No parece nada alocado, después de todo, es gente que debe manejar seriamente dinero de sus depositantes. Y ellos no les piden que jueguen a operaciones peligrosas. ¿Qué hay de malo, si el banquero se comporta como debe, en que sus activos estén como garantía? Sin embargo, esto escandalizó a buena parte de los concurrentes. Y el nigeriano no entendía mucho qué era lo que los había alterado.
Los bancos del Norte están sumamente preocupados en ver de qué modo podrán eludir controles y normas nuevas, antes que en ser humildes, reconocer el desastre, y allanarse a lo que pueda aparecer.
Tal actitud es la que se lleva de frente con lo que se quiera estar legislando, para después de irrigar todo con dinero fresco de los contribuyentes. Y es promesa de episodios apasionantes, discusiones ácidas, cuando se intente poner en caja a un sistema financiero y bancario, al que se le salieron las «chavetas» en estos últimos tiempos. Si esto no sucede, si una vuelta a la normalidad deja todo igual, será dinero incinerado.
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