18 de febrero 2009 - 00:00

CUPONES BURSATILES

Aburrido debe estar el lector consecuente de esta columna, o de los comentarios sobre las ruedas, por el hincapié constante que hacemos -más allá de bajas, o repuntes de precios- acerca de la preocupante actualidad bursátil de nuestro medio respecto, no ya de poca presencia en el interés del capital local, sino -directamente- de la ausencia absoluta de interés por las acciones privadas. Pero, de modo crudo y lamentable, jornadas como la que se produjo el lunes de esta semana, resultan el peor testimonio apoyando la preocupación. Imaginar que una rueda de Buenos Aires, aunque estuviera Wall Street en feriado, solamente iría a verse alimentada por $ 3 millones de efectivo (sí, tres millones de pesos, apenas unos novecientos mil dólares) es retrotraer la historia a finales de la década del 80. Peor todavía, porque en tal zona del «viejo recinto» hasta se podía sostener un nivel de dos millones de dólares y sin tener el aporte externo (que estaba condicionado). Es la hora para mirar, muy seriamente, la implacable decadencia de una inversión que, además, debiera resultar fuente genuina -y sin costos- para un buen número de empresas cotizantes que -todavía- soportan estoicamente seguir en la oferta pública. Que solamente les genera gastos administrativos y hasta algún que otro disgusto, al estar bajo la lupa de varios controles y sujetas a una serie de normativas de todo tipo.

Hemos leído acerca del «blanqueo», los activos que están admitidos para poder resultar puerta de entrada, a capitales que deseen reingresar. Y, como era de esperar, nada de lo pensado roza siquiera al sistema bursátil (salvo, en lo que sean títulos de deuda pública). Resultaba un instrumento -más allá de las polémicas que ya han producido- como para incentivar lo bursátil y permitir que esas empresas, columna de nuestra economía, también pudieran obtener -capital fresco-. No con acciones en vigencia, pero sí a través de emisiones nuevas, suscripciones, con ciertas condiciones adicionales para conservarlas en cartera. Esto, o alguna idea todavía mejor, pero dejando que lo bursátil integre la lista de activos habilitados. Ver una rueda con menos de un millón de dólares, para todas las especies cotizantes, contiene el dramatismo suficiente para promover una alerta firme, que llegue a las autoridades superiores. La suerte de que no haya una deserción profusa de sociedades, no va a seguir eternamente. Y tendrán razón las que quieran irse, ya que la fuente que debe proveer una Bolsa, está tan seca como en los campos donde mueren las vacas. Triste.

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