Como las consecuencias no fueron tan drásticas, al menos nos hemos evitado volver a ver repetido el título del «lunes negro», que ya con fastidiosa utilización han venido gastando los medios en esta época. No fue «negro», fue solamente bajista, en términos finales que contrajeron bastante lo que aparecía como una pendiente más pronunciada. A título de ejemplo, véase que el Merval clásico llegó a estar en mínimo de «1.172», para cerrar con «1.185» puntos. Y que esto le deparó un rebaje del 1%. En los demás, por el estilo, en una fecha donde a Obama lo sacaban de la cama para anunciarle que en Corea habían probado un misil. Y, por la tarde, el misil de los mercados corría la voz acerca de una posibilidad de quiebra en General Motors. Una delicia a la americana, que se tradujo en una rueda tendiente al negativo y dejando otra vez las dudas acerca del punto de cocción en que se halla la tendencia.
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Los más optimistas insisten con aguardar 2010 para dar la mirada final a la crisis. Los que solamente se manejan con los hechos, tienden a ser más prudentes y sabiendo que aquí, todavía, no se puede ver más allá de las narices.
En nuestro ámbito, lo que resaltó de la fecha inicial volvió a pasar por un derrumbe de los negocios con acciones, que si posee su flanco amigable (pensar que ante la baja se encogió la entrega de papeles), también tiene lo malo de haberse caído más del 30%, por debajo del ya paupérrimo nivel de marzo, promedio de $ 35 millones diarios. Cierto que existió un apagón notable en la que es dueña y señora de las líderes, Tenaris, papel que solamente actuó con 252.000 títulos. Y cuando provenía de cifras de 850.000. Su participación del 45% sobre el ponderado, y sobre el volumen general, resultó decisiva para ver un lunes «triste»: más que «negro».
Tenemos nosotros semana corta, sumamente corta, con las tres ruedas que nos depositan en Semana Santa. La primera nació y murió crucificada, dejando malos augurios para los siguientes pasos. Queda como expectativa comprobar si abril no trae consigo otra vuelta de tuerca sobre el volumen local, lo que alejaría las chances de ver a un mercado en posición de repuntar y poder sostener el terreno que conquiste. Los montos transados dicen su verdad, mientras ciertas subas de precios parecen decir la suya. El volumen nos confiesa que el desinterés sigue estando presente, aunque las cotizaciones ensayen disparadas. Cada quien le cree a la señal que prefiera.
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