Se lo nota fatigado al Dow. Se lo percibe entusiasta al Bovespa. Y se lo descubre jubiloso al Merval. Tres estados distintos, de indicadores con vasos comunicantes, donde es justamente el local el que genera el mayor contraste. Una separación entre lo que produce en el mercado y aquello que se advierte en su contexto. Y más llamativo luce cuando se le da por ir a contramano de altibajos del exterior, que consiguen ser neutralizados. Y promoviendo nuevas alzas al cabo de las ruedas.
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La diferencia que se extrajo en la pasada semana resultó nuevamente exuberante respecto de los colegas, casi tocando el 9% de rendimiento y nada menos que triplicando a Brasil, con un Dow parado sobre una meseta. El principio al que todo observador debe subordinarse es el básico de: «Con el mercado no se dis-cute». Por detrás de ello, igualmente deben tejerse las hipótesis acerca de lo que estimula a una suba o a una baja. Re-corriendo el espinel, no resulta nada sencillo encontrar las huellas que permitan, además, poder establecer el rastro y la dirección que puede llevar el movimiento a lo largo de este año.
Esto no significa que las huellas no estén allí. Por más que nosotros, por caso, no las estemos viendo. Y si llama la atención la tendencia en cotizaciones, sin que el volumen la siga, también plantea una incógnita: por qué no surgen «descremes», tomas de utilidad sirviéndose de soberbias ganancias generadas en estos meses.
Es un gran paquete de preguntas sin respuestas, o sin las que puedan sonar a convincentes. No olvidamos que estamos en plena zona de «blanqueo» y que las condiciones se han ido flexibilizando (además de no indagar el origen de los fondos que se quieran traer). Pero no estaba previsto, como destino, que pudieran esos capitales volcarse a la plaza bursátil, mobiliaria. Como el camino del dinero suele poseer muchos senderos y laberintos que -en algún punto- se entrecruzan, nos queda la duda sobre si no estará detrás una corriente que -después de ciertos rebotes astutos- termine por recalar en papeles que otorgan la máxima liquidez, de entrada y salida.
Es una nebulosa la que se presenta, envolviendo al mercado porteño y haciéndolo primero entre sus pares y, además, de los primeros entre todos. Esto no quita que se siga disfrutando, preguntando poco, de una zona muy cálida para las carteras. Brindemos.
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