Ya tan cerca de la definición del torneo... político, los interrogantes van asaltando a las distintas napas del mercado de riesgo. Se multiplican las interconsultas, donde la respuesta sobre el día «después del 28» no alcanza para dejar satisfecho a ningún interlocutor. Y, como el paciente que se inquieta ante un diagnóstico, las personas buscan respuestas de otros y tratando de que se puedan corroborar los términos (aunque fuera, por simple mayoría).
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¿Qué hay, detrás de la delgada línea roja del día 28? Nos preguntamos también. Y ansiamos ver la respuesta única y válida, la de los papeles de cotizaciones, que reflejarán en la misma tarde del 29, todo el bullir de la política de la jornada anterior. Siempre, claro, sin olvidar que toda primera rueda de un hecho de magnitud e incidente en la tendencia -como actos de elecciones, capaces de definir mucho-, concentra mucho más al impulso que a la razón. Sin tiempo para decantar lo sucedido, envueltos en el fragor de vencedores y vencidos, muchas veces las reacciones del mercado bursátil no han coincidido, para nada, con lo que después se fue formalizando en el correr de las ruedas que siguieron. Tampoco alcanza a divisarse cuál resulta la apuesta del ambiente bursátil, ante posiciones tan antagónicas y adversarios tan enfrentados. Más todavía, hay que intentar penetrar y entender la mente empresarial, al armarse el tablero nuevo de lo político. Que tendrá que poseer incidencia de peso, sobre lo económico. Y ello, sobre lo empresario.
Ya decíamos de nuestra sorpresa, viendo un andar tan atildado -sobriamente nervioso y nada más- de un indicador de nuestra Bolsa que se acerca a la fecha clave, como si se tratara de algún hecho menor.
No son pocos los que nos dijeron: «después del 28, todo sigue igual...», como que la moneda bursátil caerá de canto y sin interesarles mucho el resultado. Lo dudamos, pero lo anotamos como una opinión con algunos votos (y sin desestimar que pueda ser así). El «algo» tiene que suceder con la corrección en los índices, después del domingo, nos parece una posición más atinada que la otra.
La incógnita es si se irá hacia arriba, o en sesgo bajista, en caso de que los comicios den unos u otros ganadores. De antemano es imposible saber qué habrá de recibirse con cierto júbilo, o depresión, en relación con la votación. La indiferencia sería inaudita.
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