Una pausa en la semana, que puede ser doble frente a la inactividad general de mañana, oportuna salida de una caravana de mercados que están volviendo a pasarla mal en estos días. A todo esto, ya la Bolsa de China se desprendió de su competidor tan aguerrido -el Merval- superando un 70% de rendimiento en medio calendario.
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Muy distante, ahora con poco más del 40%, conserva nuestro indicador el segundo lugar y mantiene cierta distancia con el Bovespa, que no logra descontarnos y se ancló en torno del 35%. Los demás... como pueden. Y en especial el magullado Dow Jones, que figura prácticamente como el único que a estas alturas del año no puede salir del signo negativo, cerca del 5 por ciento.
Curioso caso el del índice rector en el sistema bursátil, porque se lo quiere levantar con palabras, pero se lo deja aplastado con ventas. Todavía los comentarios al respecto hacen referencia a cuando tocó su nivel mínimo. Y que, desde allí, repuntó en buena forma. Pero, no se destaca que en estos seis meses puros de 2009 lo que ha hecho el medidor de Wall Street resulta toda una gran frustración y quedando como vagón de cola, con todas las letras. Un espejo donde mirar lo que ha generado la política del «gran salvataje» en Estados Unidos, la que ya precisa que manden una segunda vuelta de fondos y seguir queriendo tapar todo con billetes.
El dilema es que el mundo ya tiene gente mucho más avispada que hace unas décadas. Todo, inclusive los grandes sustos, contribuyeron para que los ciudadanos de cualquier parte hayan dejado colgada la inocencia de una percha. Y sean menos esponjosos, a escuchar los «cantos de sirenas» en voz de los gobernantes.
Al respecto, y ya que estamos en época de recuerdos de Perón, siempre nos viene a la memoria cuando le oímos decir que «ésta no es la misma gente que yo dejé...». Y eso que hablamos de principios de los 70, hacer recuento de todo lo que sucedió aquí y en el mundo en casi cuatro décadas es concluir en que hay una raza humana que poco ya se asemeja a sus antepasados, aunque sean tan recientes. Esto constituye todo un problema para políticos actuales muchos de los cuales siguen queriendo utilizar estratagemas que vencieron hace tiempo. Impera el escepticismo, reina la desconfianza, no todo se arregla fácil por hablar e imprimir moneda. Lo está probando Wall Street, con su debilidad y su insólita ubicación de estar «fuera del juego».
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