23 de julio 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

Da para pensar lo que llegó como noticia de Venezuela, acerca de la nacionalizada Sidor y los duros problemas que enfrenta (incluido un serio accidente), que derivaron en una huelga de los operarios de la fábrica.



En tiempos donde está de rigurosa actualidad el impulso estatizador, ante cualquier empresa que se presente -sin importar rubro, ni posibilidades reales para su rumbo futuro-, constituye un ejemplo poco edificante lo sucedido. Y cuando por nuestros lares también se está firmemente en tal tesitura, actuando por impulso, sin análisis de factibilidad apropiados, obviando que la compañía en cuestión pueda resultar ineficiente -acaso inviable- se actúa... y ya.



Ahora se está avanzando en recrear un BANADE, lo que podría otorgar más herramientas al funcionario de turno, como para salir al rescate de todo y jugar de «mecenas» con dineros públicos. En Venezuela se ha llegado a la instancia superior: directamente expropiar empresas que están en funcionamiento normal, prometiendo que la mano estatal hará algo mejor que el privado. Aquí se va al supuesto «salvataje» de las que quedaron en pésimas condiciones y donde no aparecen interesados, porque después de analizar a fondo su estado se desiste de hacerlo, o se piden condiciones extraordinarias. «La quiebra es el riesgo de negocio», es una ley de oro que ha sido quitada del decálogo fundamental de nuestra economía.



Y así se ha dado inicio a una colección de compañías, que no tienen un destino cierto. Por el momento, subsistir con los fondos públicos.



Obama ya está teniendo fuertes críticas por actitudes similares, en otra dimensión, y cuando se ha empeñado su política en ir al rescate tanto de lo bueno, como de lo malo, o lo feo. Y es para sospechar que la crisis global habrá dejado millones de víctimas entre la población del mundo, pero no entre su bosque empresario. Y muy poco, entre el sector que resultó el verdadero hacedor del desastre que luego se propagó, el bancario/financiero.



Una moda que está vigente en países y organismos de crédito, donde todo parece que merece ser salvado a cuenta de los estados.

Dar seguridades a los privados de que si surgen problemas, aunque sea por su propia ineficiencia, por allí verán llegar al camión de auxilios es otorgarle una carta brava, de la que muchos aprovechados sabrán sacar partido. La gente, mira.

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