24 de julio 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

Mientras el Dow Jones seguía recogiendo ganancias a flor de tierra y, hasta el martes, fijó un trayecto de siete ruedas consecutivas en tal tesitura (recién el miércoles debió asumir un leve descenso del 0,3%), debajo de la superficie el brote no lucía tan verde.



Ya son muchos los que sospechan que Bernanke, al que el desgaste desde el inicio de la crisis igualmente le permitió sostenerse en el cargo, se dedica a armar mensajes al mercado como si fuera una melodía que acaricie los oídos.



Ciertas generalidades, derrame de párrafos para demostrar que todo está bajo control y que lo que se presente en el futuro ya cuenta con «las herramientas necesarias», promovió una certera visión de un profesor de finanzas, de la Universidad de San Diego: «No tienen experiencia en salir de una gran recesión como ésta, por lo que argumentar qué hacer exactamente me preocupa...». Y está muy bien la apreciación -de lo que aquí se debería tomar nota- cuando algún funcionario, o un Gobierno, enfrenta situación sumamente complicada, inédita, y que se lanza a tranquilizar a la gente, prometiendo que posee «las medidas justas», para cada etapa que sobrevenga.



Más puede originar una duda razonable, si es que -como Bernanke- quienes hablan han venido tratando de pilotear la cuestión desde sus inicios: y se la ha visto complicar cada vez más.



Por otra parte, la dulce melodía tuvo el saborizante apreciado, y resultó de la afirmación de la Fed en «conservar las tasas en cero, por algún tiempo más, mientras se continuará inyectando dinero a la economía con compras de papeles de deuda».



Esto habilita a encontrar buenas «razones» para esos raídes alcistas, que ensaya el mercado: mientras el dinero «malo» siga fluyendo, con nivel cero de tasa, resulta mejor hacer cualquier posición en activos empresarios, o dedicarse a especular con mercaderías. Se armó el viejo juego de esperar la llegada de balances lanzando expectativas de mínima, para después justificar la suba de los papeles «porque los números vinieron mejor de lo esperado...».



El asunto no es si el chiste es viejo, sino que seguirá siendo bueno, mientras esté bien contado. Y en los mercados, tal tipo de estratagema siempre sigue funcionando: en tanto haya muchos que estén dispuestos a creer -o hacer que se cree- en ellas. Es efectivo, tanto como peligroso.

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