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Cupones bursátiles
Simplemente, porque dejan de dar resultado en virtud de la masividad que alcanzaron. (No confundir con las que probadamente se pueden catalogar como «leyes de oro» del mercado y que, para ser tales, también son muy pocas). Queremos enhebrar esto con lo que parece estar sucediendo, a partir del cráter que generó la crisis global. Y el modo en que los activos transables, se fueron rehabilitando mucho antes de que se puedan ver recuperaciones sólidas, y du-raderas, en los aspectos de lo que se llama la «economía real».
La respuesta a la descomunal inyección de dinero decidida por los países, con gobernantes angustiados frente a la situación, en aleación con tasas de interés -el costo del dinero- puesto en terreno raso, derivó en la seguridad de que el dólar y su función de moneda de reserva en el mundo iría a verse desagiando, en su valor real. La figura clásica de la «moneda mala» corriendo a la «buena». Lo demás fue advertir que resultaría más beneficioso poner a trabajar esos dólares en bienes y que tenían activos tangibles por detrás. Hoy por hoy, resulta un argumento casi exclusivo para justificar la evolución de los mercados y el modo en que se sostienen en el avance. Ya sean los que contienen el «riesgo puro» -como acciones- o los que son refugio y «atesoramiento» en épocas difíciles: como el oro. En medio de esos dos extremos, toda la gama imaginable y algunas especies que no están en la vidriera de lo más conocido.
Se sabe que «comprar porque todo sube», o la variante del «comprar porque los demás compran», no son justamente un modelo de razonamiento. Pero, y la realidad y los números lo demuestran: ha funcionado de manera excelente. Se podría apostar a que cualquier amago de la FED, o actitudes de otros bancos centrales, a que se volverá a sendas normales en el trato monetario: puede generar terribles «corridas» en los mercados. Pero, hasta que ello no ocurra el único enemigo a la vista podría ser: la propia madurez del ciclo. Fascinante.


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