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Cupones bursátiles
De qué manera varió la óptica que se pueda aplicar sobre ella, donde el mismo día en que se difundieron las noticias el papel fue la mayor alza del día, casi en un 7 por ciento.
En medio de ello, se nos cruzó la imagen de la Comisión Nacional de Valores y de aquellas declaraciones de su flamante titular, cuando -en síntesis- prometía una gestión para darle otro vuelo al mercado, propender a mejoras de todo tipo, enunciando esas habituales grandes metas que -después- se quedan por el camino y sólo grabadas en las declaraciones.
Mejor ir por cuestiones que no dan para grandes cruzadas, pero que en la práctica sí podrían ir favoreciendo la dinámica y transparencia del sistema. Por caso, convocando a las sociedades cotizantes y anunciarles que se habrán de abreviar los plazos de las presentaciones de los balances.
Porque, recuerde el lector -o sépalo el recién iniciado- que el tiempo que se sigue otorgando, entre el cierre de los estados contables y su obligación de presentarse son los mismos que se aplicaban a la «prehistoria» de las administraciones, cuando la era de la informática era sólo un bello sueño.
No poseemos estadística del mundo, pero sí estamos seguros de que en otros mercados los plazos entre el cierre y la difusión pública, resultan muy inferiores a nuestro medio.
Esto habilita mucho más a que «radio pasillo», o pícaros adelantados, saquen ilegales «ventajas de juego» por el gran lapso que media -un tiempo muerto para el inversor común- entre el cierre y la presentación.
Con el adelanto tecnológico actual, no hay argumento posible para negarse a acortar esos tiempos. Y que el sufrido «minoritario» pueda beber un agua más potable, influyendo sobre sus decisiones.
Sugerencia a una Comisión Nacional de Valores que quiere ser entusiasta: corrijan bien, de a poco, certeramente, que el total ¡mejorará sólo!


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