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Cupones bursátiles
Al tiempo que esto ocurría, los medios difundían opinión de Joseph Stiglitz, un Premio Nobel que abona la idea que veníamos remarcando. Una frase contiene una buena síntesis de la diferencia entre lo que se dice y lo que sucede en verdad...
«Es normal que en Wall Street se hable del crecimiento global de la economía, porque eso vende acciones...».
Una esencia perfecta de lo que se vino viendo, tanta retórica, tanta insistencia interesada -multiplicada por la repercusión en los medios- para apuntalar evoluciones de mercado que, a todas luces, se adelantaron un largo tiempo a la realidad económica, local y global. Pedidos casi desesperados para que los gobiernos no dejen de seguir inyectando «esteroides» a los organismos anémicos de las economías: poco tenían que ver con una crisis ya superada (y fantasías por el estilo).
Stiglitz lo pone en blanco y negro y advierte, además que salir del atolladero llevará posiblemente hasta 2013. Estamos en inicios de 2010 y resulta que con lo del año anterior hay índices -como el propio Dow- que volvieron a las alturas máximas como si tal cosa. «Nada se ha hecho para reformar el sistema financiero mundial», es otra justa aseveración del premiado economista, desaprovechando el momento para hacerlo y modificando el marco, para colocar en caja al sistema que generó el desastre. La vuelta de los «bonos», a ejecutivos, ha sido como una burla al cambio. Y se encierra otro gran peligro.


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