27 de enero 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

 «La Casa Blanca confía en que Bernanke será confirmado al frente de la Reserva Federal...». Ya hay demócratas en el Senado que adelantaron su decisión de votar en contra de lo que propone, y desea, el elenco de Obama. Se sabrá qué sucede una vez llegado el momento, pero es seguro que ningún legislador que haya decidido votar en contra de Bernanke será rotulado como «traidor» a su Gobierno (o a su partido). Ese aspecto, clave de principio de libre pensamiento y toma de decisión, es lo que parece que nunca llegará a verse por nuestras tierras. No porque no lo entiendan, sino porque no lo admiten. Imaginar que aquí una bancada oficialista pueda negarse a cumplir de manera llana con lo que les llega desde el Ejecutivo es soñar despiertos. Los que hubieran cometido semejante pecado de oponerse deben procurarse otros colores futuros y previamente apostrofados, hasta por funcionarios que son menos que un legislador: porque no han sido elegidos por nadie, ni revistan como supuestos «representantes del pueblo».

Cuando se leen -de lo que nos llega- los argumentos a favor y en contra de que Bernanke siga en el cargo puede deducirse que no hay allí una actitud caprichosa del que apoya ni del que se opone. Y si se revisa el pasado, se puede ver que Bernanke acumula aciertos y errores, méritos o culpas, para merecer ser discutido y no llanamente ratificado.

Lo cierto es que generó incertidumbre sobre lo que podía suceder, sin dar por sentado que lo que Obama quiere es lo que vayan a darle. Y los mercados lo mostraron abiertamente, con una semana que aparece cargando al fin de mes una «mochila» extra (por si había pocas). Mientras una carga extra de índole razonable pesaba sobre el curso del Dow Jones, las que pesan aquí resultan de historieta. No vale repasarlas, nos están acribillando a diario desde las pantallas de los noticiarios y las tapas de los medios gráficos. Los operadores han perdido una motivación valedera, cuando todo lucía como dispuesto a seguir tirando de la cuerda, para que el Merval trepara más y más por la colina de tierras inéditas en su historia. Pero enero amenaza con culminar con las fuerzas en sus trincheras, de donde solamente parten algunas órdenes como para «patrullar» el escenario. Lo peor de todo es que nadie sabe con certeza, hacia dónde estamos caminando.

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