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Cupones bursátiles
Pero, por todo lo que se acumula en la pila de los hechos y evidencias indeseados, con muy poco en la otra columna, el desarrollo del 2010 se presenta cada vez más difuso. Por no decir que, en realidad, lo que puede verse en el horizonte son nubarrones por doquier. Otros dirán que, en realidad, no se ve nada muy claro (un modo de suavizar las situaciones y no expandir el desánimo). Las «casas de corretaje», tal la vieja acepción que se les daba en la historia antigua de los mercados, intentarán seguir armando «papers» tratando de buscar el lado optimista a la cuestión. Una necesidad para poder colocar posiciones, aunque la grey de los adherentes a los mercados de riesgo se encuentre dispersa: desde que todo les explotó en la cara.
Que los índices se habían adelantado tanto, pero tanto, en el correr del 2009 y dejando muy atrás a las buenas nuevas que debían llegar (y nunca llegaron) se vino a confirmar con este enero tan desanimado, que debió enfrentarse en todos los recintos. Como si el mercado tuviera que sentarse y esperar, para ver si lo alcanzan, antes que seguir metiendo fuego en sus calderas.
No se sabe de dónde podrán asirse las esperanzas de febrero, porque tanto afuera como adentro el escenario no tuvo variaciones, que puedan empujar al entusiasmo. Únicamente la búsqueda de alguna «perla» particular, como hubo en enero, es capaz de deparar: lo que el conjunto no pueda.


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