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Cupones bursátiles
Este señor aseguró: «El presidente tiene una narrativa política coherente, desde el día que se lanzó al ruego nacional en 2004...». Y desde allí lanzó su sagaz opinión, sobre lo que sucede: «La interpretación de ésta es cíclica» (?). De lo que debe inferirse que no es que haya variado el decir y el hacer presidencial, sino que es la gente la que cambia de opinión, caprichosamente.
Y con tal eslabón proporcionado desde la política, nos introducimos en el tema bursátil actual que es tanto o más espinoso que el otro. Tal parece que todo lo que resultó una batería dialéctica, con la consigna explícita de: «La crisis ha sido superada», no ha podido demostrar -ni por asomo- que la realidad vaya en la misma dirección.
Y entrados en 2010, pronosticado como el gran año de la recuperación, nos encontramos con un febrero para meter miedo de parecido color al de los peores meses. Un astuto reportero de «casa de inversiones» bien podría subirse a la teoría ensayada desde la Casa Blanca y decir que «los inversores tienen una interpretación cíclica»...
... Y lo bien que hacen, debería decirse. Los deseos, las ansiedades, las teorías... son todas válidas en tanto no deban borrar las evidencias. Porque el siguiente y fatal paso es sostener lo insostenible, es forzar la interpretación de los hechos para que se sigan adaptando a los pronósticos o a las teorías. Lo que llegó a conocimiento público desde Europa (¿dónde quedarán los que pedían el euro como la nueva moneda de reserva del mundo, cuando muestra la enorme asimetría que lleva entre sus integrantes?) y los datos de Estados Unidos, que cada vez llaman más a nuevos salvatajes desesperados, resultaron una carga explosiva para mercados que tanta «crema» habían formado durante 2009.
Negar lo que el propio Obama reconoció hace unos días es lo mismo que desconocer que el tambaleo de los índices de riesgo tiene sus razones. Y que no son, justamente, las de la simple «toma de ganancias», sino que viene del temor de fondo.


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