7 de abril 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Revisando novedades que llegan del «gran tablero» del mundo de los negocios, para no correr riesgos de ver solamente nuestras cuatro y estrechas paredes, hallamos dos y en la misma página de Ámbito Financiero del lunes. La una, referida a declaraciones de Alan Greenspan y que fueron a dar de frente con el proyecto de Paul Volcker, acerca de marcarles territorios a las actividades bancarias.

Aunque existe un gran respeto evidente, Greenspan intenta adornar su opinión sin que hiera a Volcker en demasía. Pero, no lo logra. Por más que quiera rescatar la sustancia, lo elogiable de la idea, resalta que lo que le dice es que no hay manera de poder cortarle los tentáculos a los grandes emporios bancarios. Deja en claro que tiene simpatía y defiende el principio enarbolado por Volcker, acerca de: «los depósitos protegidos, no deberían ser utilizados con propósitos especulativos...». Pero, al unísono, menciona que «el problema fundamental con la regla de Volcker, es que es muy difícil de poder aplicar».

De algún modo, lo trata como una suerte de sueño inalcanzable. Si a esto se debe agregar que Ben Bernanke -desde la Fed- expresó también sus dudas y estimó que «la economía mundial necesitaba de grandes grupos financieros complejos», lo que nos queda -como simples lectores- es que solamente con un enorme y decidido apoyo del propio Obama (si es que mantiene su enojo tremendo por los «bonus») el proyecto de Paul Volcker es capaz de seguir con vida cuando lo traten en el Congreso. Y si no se logra, será la demostración palpable de que el poder de la gran liga bancaria está definitivamente por encima de todo poder, o decisión polí-tica. Y es un tema mayor, porque depende del resultado que se obtenga: el mundo seguirá igual, o bien se podrá encontrar un nuevo marco para los mercados. Hecho que, por supuesto, nos involucra también, aunque nos parece ahora tan ajeno a nosotros.

La otra nota tiene que ver, aunque de modo indirecto, con lo mismo. Porque se refería a que: «Preocupa éxodo de operadores de los grandes bancos de inversión...». En 2009 se ha comprobado una fuerte corriente de escisión de quienes trabajaban para grandes entidades, que decidieron instalarse por propia cuenta en el manejo de fondos. Y esto no sería posible si no existiera una corriente paralela, desprendida del gran susto de la crisis, de clientes que huyeron despavoridos de las entidades. Que, de hecho, es como un giro pidiendo un cambio. ¿Vendrá?