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Cupones bursátiles
Así es como se pasa de cortos recorridos donde cotiza la euforia, seguidos de pasajes grises, para caer luego en la monotonía y la falta de energía para poder sostener el ritmo. El «inversor inteligente» -diría Graham- no puede estar cayendo en el juego del entusiasmo y la desazón, galopando al ritmo de comentarios y titulares que elevan a categoría de solución concreta lo que solamente fue enunciado como un intento para llegar a ello. Porque se corre el riesgo de comprar con el entusiasmo. Y después, asustarse con la desazón.
Hay muchas piezas del gran tablero de la economía del mundo que todavía están tratando de encontrar su lugar y volver a encajar con la figura correcta. Estados Unidos sigue luchando por corregir los vicios -muy enquistados y bien defendidos- que lo llevaron al desastre. El bloque europeo demuestra que las asimetrías de sus componentes le pasan la factura. Y hasta un candidato con posibilidad concreta de instalarse en Brasil parece dispuesto a dinamitar las bases del Mercosur.
El terremoto, que tuvo una muy alta graduación en la escala de las economías y sus crisis, recién intenta que las placas vuelvan a reacomodarse. Las réplicas se hacen sentir en todas partes, alguna ola gigantesca puede que se esté formando para inundar un foco inesperado.
Construir lleva décadas, destruir se puede ver en muy poco tiempo; los mercados y sus tendencias lo tienen graficado, a través de su historial. Todavía es ilusorio que las cosas se acomoden armonía. No confiarse.
