28 de abril 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

 ¿Cuántas veces se ha leído que el asunto de Grecia estaba solucionado? Y otras tantas veces, donde la cuestión se ponía más alarmante. Hasta llegar al punto donde ya hay voces que habían de separar a Grecia de la eurozona. Vivíamos épocas en las que todo parece querer ser solucionado en poco tiempo, aunque se trate de la misma crisis y a la que primero se pronosticaba como «de varios años de duración». En esto, y hay que decirlo, mucho tiene que ver con los medios de difusión del mundo y que actúan como si estuvieran siendo funcionales a gobiernos y mercados. Algunos, exagerando los efectos de medidas, otros haciéndose eco por simple repetición, muchos de modo inocente en cuanto a las intenciones, pero sumándose a la caravana interesada en que todo el show vuelva a comenzar, cuanto antes.

Así es como se pasa de cortos recorridos donde cotiza la euforia, seguidos de pasajes grises, para caer luego en la monotonía y la falta de energía para poder sostener el ritmo. El «inversor inteligente» -diría Graham- no puede estar cayendo en el juego del entusiasmo y la desazón, galopando al ritmo de comentarios y titulares que elevan a categoría de solución concreta lo que solamente fue enunciado como un intento para llegar a ello. Porque se corre el riesgo de comprar con el entusiasmo. Y después, asustarse con la desazón.

Hay muchas piezas del gran tablero de la economía del mundo que todavía están tratando de encontrar su lugar y volver a encajar con la figura correcta. Estados Unidos sigue luchando por corregir los vicios -muy enquistados y bien defendidos- que lo llevaron al desastre. El bloque europeo demuestra que las asimetrías de sus componentes le pasan la factura. Y hasta un candidato con posibilidad concreta de instalarse en Brasil parece dispuesto a dinamitar las bases del Mercosur.

El terremoto, que tuvo una muy alta graduación en la escala de las economías y sus crisis, recién intenta que las placas vuelvan a reacomodarse. Las réplicas se hacen sentir en todas partes, alguna ola gigantesca puede que se esté formando para inundar un foco inesperado.

Construir lleva décadas, destruir se puede ver en muy poco tiempo; los mercados y sus tendencias lo tienen graficado, a través de su historial. Todavía es ilusorio que las cosas se acomoden armonía. No confiarse.