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Cupones bursátiles
Sus dichos, que sonaban a humorísticos pero contenían cruel verdad, afirmaban: «La crisis es como hacer el amor con un gorila. No paras cuando están cansado, paras cuando el gorila está cansado...». Buen puente para traducir en términos de la misma metáfora las vueltas que siguen dando sobre el mismo punto los gobernantes europeos: que intentan frenar al gorila -que ellos mismos incentivaron- y el crítico animal prosigue con su labor: hasta cansarse.
Resulta curioso que estando tan cerca un problema del otro, entre lo de Estados Unidos y Europa, en ambos casos la situación se les escurrió de las manos: cuando intentaron primero tratarla como un incendio focalizado, como de rápida extinción, para ver al poco tiempo cómo las llamas se devoraban todo.
Y así se continúa ahora, donde se procuran reuniones de toda índole, sumando más gente a la opinión, dando la sensación acabada de que los originales implicados -los europeos- ya no pueden con «el gorila».
Imagen que invita a que los mercados continúen especulando debidamente y en literal sentido de la palabra: ponerse a cubierto o arriesgarse para sacar un gran -y justo- partido de una situación que no está, ni por asomo, arreglada.
En tanto, los ineficaces gobernantes seguirán culpando a los especuladores, pretendiendo que los que actúan donde nadie quiere estar, ni actuar -en el medio de un infierno- no reclamen un alto premio al riesgo potenciado, que está expandido por todos los confines.
Paul Volcker, zorro viejo, que ya tiene su propio problema entre manos en Estados Unidos y la reforma prometida, no perdió la oportunidad de cambiar el ángulo y cargar también contra la «eurozona» diciendo que están en el dilema de si tal mercado común puede seguir unido, o debiera desmembrarse. Dándole una «mano americana» a la cuestión, clásica de la vieja controversia y viejos resquemores que los alienta. Estamos en época de profundas «correcciones a la baja», a la manera de los índices que pecan de madurez. En este caso, de las economías que se pasaron de júbilo. Es «el gorila».

