25 de mayo 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Si las dos opciones que se abren paso resultan: ajuste y posible recesión -como impulsa Alemania- o, fogonear el consumo a riesgo de inflación, como se teme en Estados Unidos, están las economías caminando por una delgada cornisa. Acertar a dar los pasos justos, para no caer hacia ninguno de los estados peligrosos y llegar a la otra punta, sin recesión y sin inflación, luce complicado habiendo tantas opiniones dando vuelta en los centros con poder de decisión. En tanto, los mercados siguen solamente reflejando aquello que origina tantas hipotéticas «soluciones» en tiempo límite. Por más que a cada rueda bajista le claven una nueva banderilla, pretendiendo los políticos que lo que está sucediendo con los activos es causa -y no simple efecto- del mercado.

Allí es donde despliegan todo recurso dialéctico apuntando al enemigo común, a un blanco inmóvil que -por ahora- les sirve de escudo hasta que piensen algo racional y que funcione. En vez de desear

que el «especulador» actúe en breve plazo, para detener las bajas, intentan mandarlo preso. ¿Y quién, si no es el capital de riesgo, el que vive en contacto con el peligro extremo, el que pueda intervenir tomando posición en activos, que nadie

-sensato- quiere?

Obviamente que hay leyes de oro que no se quiebran («Nunca es demasiado bajo, para un bajista») pero, en la zona indicada: tomador salta solo, se arriesga a sabiendas de que una acción, o un bono, le dejará regio «premio» -que así se denomina la diferencia deseada- si la tendencia se da vuelta. Y si el «maldito especulador» se equivoca con los tiempos: su castigo viene solo, con la ruina.

Si en Europa están diciendo claramente, que buena parte de los países que constituyen la zona común están fuera de marco, pasados de largo con sus administraciones fallidas. Si hay una fuerte predisposición a hacer mucho más rígidas las normas para ellos: ¿qué culpa tienen los mercados, en reflejar eso hacia la baja? Si en Estados Unidos todavía están por ver si realmente se encarrila el desastre de 2007 -con posiciones opuestas- ¿qué pretenden que se refleje? Al contrario, estaba claro que los índices bursátiles se habían jugado al «adelanto» con demasiada velocidad, pasibles de tener una sana corrección. Para congeniar los tiempos de la recuperación económica -lenta- con los precios de mercado, ágiles. No el voluntarismo, sino la especulación pondrá el freno.