Por más que insisten en pasarles toda la factura a los odiosos «especuladores», la realidad que deberán asumir los países europeos -y seguramente Estados Unidos- es que sus ciudadanos tendrán que ser más austeros con el ritmo de vida que llevaban. Nada fuera de lo común, porque cuando las cuestiones se reducen a la expresión mínima es lo que hacen un individuo, una familia, una empresa... cuando se han ido de largo en sus pasos y deben ajustarse en sus presupuestos, para colocarse nuevamente en caja. El Gobierno de Grecia sigue igualmente en su teoría; días atrás hubo de leerse palabras de Papandréu donde acusaba a la Unión Europea de «tardar tiempo en darse cuenta de que el ataque de los especuladores contra Grecia era sólo un escalón antes del ataque a otros países miembros de la eurozona...». Con tales alusiones prosigue envuelto en una suerte de teoría «conspirativa» -típica de los que hacen mal las cosas y necesitan hallar culpables- y porfía en ignorar la simple realidad: primero surge una mala administración, que va dejando señales dudosas por el camino, después tales señales toman cuerpo entero. Y allí aparecen esos «ataques», que seguramente el gobernante juzga de «injustificados».
Quedó hace rato a la vista que las ideales, maravillosas cuentas griegas mostraban orificios en toda la estructura. Y esto originó el castigo que propinan los mercados a los que ingresan a un estado de peligrosa debilidad y dejan de ser confiables en el mundo. Enfermedad que, con distinta graduación, se trasladó a las cuentas de España, Portugal, Italia y -probablemente- a algunos más de la región europea.
Lo curioso es que ahora, después de vociferar y resistirse, casi todos prometen ajustarse y bajar gastos (lo anunció Berlusconi, en el fin de semana) con lo cual el supuesto «ataque especulativo» resultó una apropiada medicina para que los gobernantes se quitaran la máscara y reconocieran estar pasados de vueltas.
¿Tan dramático es que las poblaciones vivan en un punto, o dos, debajo de un estándar de vida que no les era acorde con su posibilidad de generar riqueza para ello? Parece que sí. Pero, cuando todo está a la vista y ya no se puede seguir en la eterna mentira política, en fila india se predisponen a anunciar sus propios rebajes.
(Un servicio que debe agradecerse a la maldita especulación, parar la fiesta inter-minable).
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