21 de junio 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

No tiene sentido intervenir ninguna empresa de parte del Gobierno porque la misma se disponga a abrir un «concurso de acreedores», más conocido por «convocatoria».

De ninguna manera esto pone en peligro el desarrollo de sus actividades y resulta una estrategia legal -perfectamente reconocida en las leyes- que una compañía utiliza cuando el cerco se le estrecha al punto máximo.

Después es la justicia en lo comercial la que decide proveer o no de tal recurso a la sociedad que lo solicita. Sacar partido de ello para promover una intervención directa se ha convertido en «usos y costumbres» del Gobierno respecto de empresas privatizadas.

Cuando Metrogas aduce que dado el congelamiento tarifario a que es sometida junto a otras colegas le hace dificultoso el poder mantener un punto de equilibrio mínimo, todos los datos seguramente la están avalando.

Basta echar un repaso a lo sucedido en todos estos años de movimentos -reales- de costos contra tarifas inmóviles, para que difícilmente se pueda sostener que lo esgrimido es sólo una excusa. Y mucho menos que ponga en riesgo el servicio que se presta. Ninguna compañía va a ser tan inocente como para no dispensar un servicio esencial a sabiendas de que no puede llevarlo adelante.

En tal caso renunciaría al mismo para evitarse las enormes sanciones que una autoridad oficial pudiera aplicarle. Al menos a la vista no existen reclamos de clientela ligada a la compañía que se queje por un servicio mal prestado.

Siguiendo el hilván propuesto por quienes tienen poder de decisión, hay una seguridad de que todas las empresas ligadas al sector «servicios» van a ver agravados sus problemas, donde desaparece la utilidad mínima indispensable en tanto se prosiga con «acuerdos» a los que han arribado y que nunca fueron después puestos en práctica, con el burdo argumento de que falta alguna firma final para ejecutarse.

Y cierto es que tales acuerdos resultaron negociados y aprobados por entes reguladores representando al Estado, desde mucho tiempo atrás.

Después, por cuestiones políticas o de otro tipo, los mismos quedan congelados. Y los costos siguen su marcha de modo implacable.

Pensar en que hay empresas que deben regirse por lo mismo que en 2001 es un grotesco. Caer en «concurso», señal válida para poner en marcha otro plan.