24 de septiembre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Las ruedas de martes y miércoles dejaron lejos y como una caricatura la fecha inicial del lunes en los mercados indudablemente contagiados de esa desmesurada mejoría que se daba en el Dow Jones. Cuando uno podía preguntarse la causa, nada surgía de estímulo favorable para que tal ascenso se produjera en tales términos. Balbuceos desde la Reserva Federal, que solamente amenaza con tener el dedo en gatillo para proveer más de lo mismo.

Renuncias encadenadas en los principales asesores económicos de Obama (que se viene arrastrando, hasta llegar a las elecciones) ratios que ratifican el sentido de planicie, con más propensión a una recaída que a salir en crecimiento...

Sin embargo, el lunes se armó la subida y ya hay que pensar en algún acuerdo explícito de operadores que procuran golpear fuerte, aunque sea por una rueda, para después defenderla como se pueda y llegar al viernes mostrando ganancias. De allí que el porcentual que se viene acumulando en el mes para el centro bursátil rector -más del 7%- suena a una trepada a favor del encogimiento de los negocios y la actitud mancomunada en aflojar con las ventas en un día determinado.

En esto no hay misterio, todo mercado que crece, sube en precios y se expande en negocios. Cuando una condición deja atrás a la otra, no resulta para nada convincente.

El Merval supo sacar partido de esto, en momentos donde no existe un contexto local que pueda llamarse de aliento para empresas e inversiones.

En todo lo contrario y, en otras épocas, solamente la mención a un proyecto para que las compañías deban -de manera obligada- distribuir una porción de utilidades entre los asalariados hubiera generado una pendiente vertical en los precios de las acciones. A pesar de ello se ve al índice subiendo más del 8 por ciento hasta mitad de semana y para el saldo del mes, que solamente puede justificarse desde el principio de «contagio» con lo que llega como señal externa.

El dibujo que ya se ha visto, de golpear fuerte un día y defenderse en los otros, ya resulta una estrategia demasiado evidente para que «piquen» muchos incautos.

Es cada vez más dificultoso poder establecer causas y efectos en los mercados, cuando todo parece fruto de la simple mesa apostadora. Así está todo. Y no hay más que eso.