3 de noviembre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Arrancó como un tractor la primera rueda de noviembre, sin tomarse siquiera una jor-nada de descanso y haciendo de la Bolsa local nuevamente el escenario más ganancioso del mundo, en los recientes dos meses.

En la analogía con el cuerpo humano, que solemos tomar para representar funciones, síntomas, movimientos condicionados que un sistema bursátil pone a la vista de todos en cada día de operaciones: aquella de comer, sin posibilitar una natural digestión, no resulta el mecanismo más aconsejable. Pero sucede, como se ha visto desde la segunda quincena de octubre, que la «comida» llega cada vez más abundante -y más fácil- a la boca bursátil. Y entonces, pasa que cuando llega el tiempo de darse un respiro, tragar, digerir, más bocados empujan desde afuera.

Necesidad del lunes fue retomar el ritmo muy alto, para superar los $ 140 millones y -de tal forma- hacer pasar inadvertido un día que, con menos volumen, seguramente hubiera generado un ajuste en baja y utilizando la variable precios para ello.

El recambio se ha hecho de forma muy vigorosa, quedando siempre en deuda el suministro de «papel», respecto del ingreso de «dinero». Tal como viene en expansión el movimiento, no debería asombrar que el volumen llegue a escalar bastante más que lo que se ha visto. Si resulta progresivo, la señal de peligro no será preocupante. Pero si después de merodear por una franja de negocios reconocida y frecuentada desde semanas atrás, llegará a irrumpir una cifra súbita y muy distanciada del resto: el «farol rojo» estará encendido. Porque al variar una tendencia, en ambas direcciones, se genera una acumulación de órdenes descomunal: y da comienzo el cambio de dirección. Lo más engañoso, que en primera instancia no se nota el cambio sobre la dirección de los precios, porque si hay una oferta desbocada, también estará presente una demanda embriagada por las alzas perpetuas.

Seguramente que muchos de los razonamientos del ambiente bursátil se estarán cruzando las diversas visiones. Y se alza allí otra de las sentencias inapelables. «Nada está caro para un alcista. Y nada luce barato para un bajista...». Sabiendo los motivos que actúan de motores actuales, está a la vista que distan de ser confiables. Lo que no significa que no merezca hincarse el diente a tan suculentos bocados. Cuándo decir «basta» queda bajo responsabilidad de cada uno.

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