18 de noviembre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Caída, rebote, recaída... una fea comunión, para poder asimilarla. Si bien puede separarse por rueda, a cada una colocarle los términos que la justifiquen, lo que queda grabado en un terceto de jornadas en nuestro recinto que acrecienta el temor por ver el movimiento desarmado, posiblemente antes de lo que podía suponerse y tal como venían las cosas, hasta llegar al pasado viernes. Sabemos que Europa ha vuelto a ver recrudecer la problemática de varias economías. Que los chinos están instrumentando lo que más conviene a ellos, aunque no le guste a Occidente. Que Estados Unidos vive en permanente angustia, por más que se le sigan inyectando estímulos monetarios a su economía. Al parecer, la confluencia de todas las inquietudes derribó cierta solidez en los pisos de los índices globales. Y en la Argentina se cortaron los fluidos suministros, que llegaban a servirse del buen techo de sus activos. Si se quiere, el llamado «efecto mariposa» y el aletear riesgoso en otras regiones, supo crear un ventarrón sobre el paso gigante que daban nuestros índices.

Bisagra

El viernes fue una rueda que quedó como «bisagra», lejos de ser simple toma de utilidad, las ventas habían dado la señal de alarma en la salida de muchas órdenes fuertes, rompiendo límites. El lunes había resultado una fecha para tranquilizar los ánimos, correcta en sus variables y con oferta que supo contraerse, adelgazando el volumen y dando una bocanada de oxígeno para comenzar el período.

Pero, sobrevino lo del martes y esto resultó mucho peor que la primera caída. Porque más allá del porcentual bajista del 4,5%, y de la abrumadora cantidad de bajas en los papeles cotizantes, el total de negocios se dilató desde los $ 68 millones, hasta los $ 116 millones. Mostrando que nuevamente se produjo una avalancha vendedora, sin respetar límites ni luchar por los precios, con tal de cruzar el umbral de la salida.

Algo que no debería impactar tanto, si recordamos aquello de «vivir de prestado» -expresión que mencionamos varias veces- y con una dependencia absoluta de terceros, a los que nada les importa lo que cotice aquí sino, solamente desparramar sus «fichas» sobre el paño y en cuanto corren temores -o hay que cubrir bajas de otros recintos- apretar el gatillo y disparar un tiro en la frente del Merval. Ojalá prevalezca el orden.

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