13 de enero 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Existe una necesidad tan inmensa de encontrarse con buenas noticias que aquello que debería resultar una pesada piedra para la economía del mundo -una más- posee tratamiento de novedad favorable. Nos referimos a los europeos, a esa caída de fichas tipo «dominó» y donde cada nuevo candidato apuntado, como que llegaría a estado de salvataje, se fue cumpliendo, solamente una cuestión de tiempo.

Detrás de Irlanda venían en la nómina Portugal y España. El primero de ellos confirmando el ser socorrido, aunque sus gobernantes, como todos los previos, negaban que estuvieran en malas condiciones, como para llamar a los «bomberos» de la Unión Europea. Y la intervención formal para la asistencia, que es para sembrar preocupación y una mancha más en la comunidad del euro, trastrocó -por lo que se leyera- en la alquimia de ser «buena noticia».

Los mercados de la zona repuntaron el martes, levantando el lastre del lunes, aunque no lograron el efecto contagio sobre demás mercados de otras regiones. (Se sabe bien quién sigue en la lista de los condenados, probablemente una cuestión de tiempo...).

Con cada nuevo contuso, caído y con necesidad de ser asistido, se amplía más el ver la salida real de un estado de crisis que promete un 2011 sumamente problemático. La verdad está en los hechos verificados y lo demás es «pura cháchara» (como diría el viejo político, que lo puso de moda).

El achique

Hubo gran diferencia entre la primera y la segunda semana del nuevo ejercicio. Esto lo vimos muy claro en nuestro propio mercado y donde el primer paso del «matador» posteriormente se convirtió en una tarea puramente defensiva.

Si faltaban billetes en bancos y cajeros, no es menos cierto que también faltaron para los negocios en la Bolsa. Volumen a la mitad de una corriente de entrada que se adelgazó de súbito. Coincidiendo con la nueva señal de alarma en Europa, ganó la debilidad a recintos de nuestra zona. El tan deudor San Pablo, en 2010, con su pálida performance, parece seguir en las mismas condiciones de «mercado amargo» para saborizar cualquier cartera.

Y ahora hemos visto que diferenciarnos cuesta bastante más, metidos en la misma canasta con la mayoría. ¿Volverán las oscuras golondrinas sus nidos a colgar?

Dejá tu comentario