7 de marzo 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Se sigue sin poder entenderse bien qué clase de estímulos positivos se manejan en las Bolsas, junto con cuáles resultan los negativos. Porque no es la primera vez, como sucedió en la pasada semana, que se genera una rueda -mundial- francamente favorable. Y, al día siguiente, todo se reduce a tratar de mantener una porción de lo ganado. Lo curioso es que un mismo argumento -el desempleo en Estados Unidos- funciona de «comodín» hacia ambos lados del mercado.

Hasta de la impresión de que los que escriben las supuestas «razones», para catalogar una rueda, se olvidan de lo que han esgrimido antes. Y así se pasan las semanas, cuando en el aspecto general y el contexto de donde deben nutrirse los gráficos y su «fundamentalismo» -más allá de lo técnico- se vive dentro de una meseta, sin muchos cambios de nota. Ante el caso de Libia, la trepada del petróleo como mayor consecuencia -desde el punto de vista de lo económico- primero se produjo una reacción de preocupación. Y que, posteriormente, pareció duluirse: aunque el precio del barril alcanzó altura y casi no ha cedido.

No es cuestión de «discutir» con el mercado» -sacrilegio en el que no caemos-, pero sí pueden discutirse aquellos argumentos pretendidos, que no poseen el debido respaldo. Porque si se erigen movimientos con débiles cimientos, también está la exportación a que la cuestión de desplome: ante cualquier estratagema dialéctica, bien utilizada.

En zona donde las verdaderas noticias de peso no se producen, vemos como inexplicable que en una rueda se pueda avanzar el 1,5%, para decaer el 1% en la siguiente. ¿Qué sucedió, más que una buena tanda de órdenes apropiadamente dirigidas? Será, quizás sí, el enorme temor que nos invade frente a la ola de fusiones de centros operativos, de alta tecnología, que amenazan con crear un «supercontrol» de los negocios para llevar a los índices arriba, y abajo, a simple voluntad de los que los manejan.

Momento donde lo poco que queda todavía del verdadero espíritu bursátil, lo que le da la razón de su existir, termine por irse al diablo. Y el perfil de juego «de casinos» se muestre plenamente tal cual. Donde, quizás, las terminales se conviertan en «maquinistas» tragamonedas. Tal vez.

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