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Cupones bursátiles
Y si lo podrá realizar de no mediar verdaderas nutrientes, de aquellas que no cobijan dudas y se refieren a concretas «buenas nuevas» en las economías del mundo.
De no ser así, la propuesta que se advierte es ir «trabajando» las semanas y hasta lograr esos dibujos exóticos donde -sin saber nadie a qué se pudo haber debido- surge un fuerte repunte, generalmente desde el Dow Jones, con contagio para los demás índices. Y una vez realizada la faena, se suceden ruedas donde todo cae nuevamente en lo inexpresivo y sumamente dubitativo. Entonces, como viene de suceder, el «árbol» y el «bosque» se entrechocan. Porque se culmina con un viernes lánguido, con clara tónica a la baja, pero la semana arroja un saldo positivo para la mayoría de los mercados de cotejo habitual.
Tan reiterativo el esquema, que ya parece un «efecto Ponzi» dentro de las Bolsas. Fabricar una buena, a muy buena, fecha, dejando que antes y después los días pasen tratando de mantener bien los pisos. Y se enhebran raíces difíciles de concebir, con muchas jornadas sin que aparezcan sesgos bajistas. O ver que el Dow Jones, con una economía de base que prosigue en las tinieblas, se da el lujo de lucir como estaba antes de que la crisis hiciera estragos.
De paso, viéndose hasta de qué modo se ha quedado hecho harapos el orgullo de lo que fue el templo del capitalismo norteamericano tratando de unirse, y quedar en minoría, con los alemanes. Sin que hasta ahora las autoridades hayan salido -abiertamente- a decir que eso no habrá de permitirse, porque no se trata de una empresa, sino de un símbolo del primer país del mundo.
Hay una razón que obliga a pensar en la alta concentración, en relativamente pocas manos, de los paquetes accionarios que antes se atomizaban en la «minoría», de todas partes. El embudo vendedor, formado por la crisis y la desesperación, fue forrar carteras inmensas: las hacedoras de movimientos forzados, como los que mencionamos.

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