28 de marzo 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Están apareciendo, como en singular secuencia, nombres clásicos en una legión de «gurúes» que van pasando por todas las instancias de las tendencias, sin abandonar sus mensajes universales, periódicos.

Días atrás nos referimos a George Soros, en agorero pronóstico sobre lo europeo y si se llevan adelante normas comunes que, a unos los hará más poderosos. Y, a los otros, los dejará anémicos del todo.

En estos días el que reapareció fue Warren Buffett, el que parado en sus 80 años sobre el «mangrullo» bien alto -que le dan sus 50.000 millones de dólares- lanzó una advertencia, acerca de la moda de valorar las «redes sociales».

Cuestión que nos retro-

trae al gran desastre de las «tecnológicas», allá por el año 2000, donde el enorme casino que se había instalado sobre tales papeles: resultó todo un anuncio de lo que explotó después, con la llegada de la crisis general.

Una más de varias señales, que nos indican que se simula aprender de los momentos más dramáticos, se simula también dispersar castigos sobre supuestos desvíos y culpables. Y, al poco tiempo se fueron reacomodando los hacedores del mal, hasta no teniendo ningún reparo en recobrar sus viejos hábitos.

Límite

Las «gratificaciones» que se volvieron a dispensar los ejecutivos de los bancos, algunos de ellos teniendo que ser objetados (porque sus números no cierran como ellos dicen.) La crisis no ha sido el punto límite donde -como la mayor parte de la gente ansiaba- se impusieran cambios drásticos para corregir y cambiar de camino. No se ve que esto sea así, las señales que se suman parecen llevarnos hacia otra crisis: solamente falta conocer la fecha...

Y lo de Warren Buffett, advirtiendo acerca de sobre-valuación en la mayoría de las empresas que armaron las «redes sociales», no escapa a la figura que nos daban las «tecnológicas» de una década atrás.

En lugar de cautela, la exuberancia plena vuelve a resultar el ritmo de todos los mercados. Y el riesgo de lo que puede hacerse con la tecnología del vértigo, la de las «décimas de segundos» que ya muchos van poseyendo en la industria que vive de las cotizaciones augura una crisis más veloz.

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