Floreció un lunes deparando alegrías en los mercados, después de una racha fatídica sobre el primer día de la semana. Pero ya en la segunda rueda la «flor» se fue cerrando, hasta dar señales de marchita en el tercer encuentro. Expectativas creadas en torno a una «reunión cumbre» en Europa que culminó sin dejar nada en concreto: solamente una vaga idea acerca de gravar «transacciones financieras». Sin precisiones, sin saberse si esto involucra también a lo bursátil. Si sería muy leve, o si esto podría originar una migración de capitales. De último, lo que más dejó la reunión entre Alemania y Francia es el grado de desconcierto que sigue prodiminando para dar en la tecla con alguna dirección que se entienda como la correcta. Nada más se precisa no el hecho de que surja la solución, desde una galera, con consecuencias inmediatas. Solamente saber que se ingresó por la senda que llueve -con el tiempo necesario- a una posible zona de normalización. A partir de cierta certeza sobre ello, los mercados se colocarían en otra predisposición y -seguramente- actuando con el «adelanto» de que aquello que venga terminará con los problemas más graves. Pero ni siquiera hay un perfil de que los políticos gobernantes estén apuntando a la tal senda que tienen que elegir, entre otras que volverán a ser equivocadas. Mientras tanto, agregando lo de Estados Unidos y un Obama que se puso a recorrer para hacer «campaña» de 2012, las flores que se abran radiantes en algunas ruedas serán capaces de marchitarse velozmente y como vimos en estos primeros días de la semana.
Por eso, encontrar algunos papeles que luzcan como aptos seguirá siendo mucho más sencillo que intuir en qué punto se abre una zona confiable para decidir armar, o agregar, posiciones accionarias. Justamente, así como lo es el dinero en su más pura esencia, también el mercado de riesgo, básicamente, es «fiduciario». Si la confianza de la gente ha sido el bien más maltratado, desde que se inició la crisis. Y a pesar de muchas palabras y ciertas acciones tomadas por los Gobiernos, la cuenta de la confianza es la que sigue quebrada en el balance de las economías. No sólo para invertir, sino simplemente para volver a consumir, las mentes han quedado congeladas. Una cuenta que sólo volverá a sumar voluntades, cuando se consiga demostrar que se entró en el camino correcto. Hay mucha potencial inversión esperando: falta la señal.
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