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Cupones bursátiles
Hasta aquí, había que hablar de cotizaciones y sus altibajos, pero el viernes pasado el otro vital elemento se constituyó en mala figura del día. El volumen en acciones comprimido de un día para el otro, desde los $ 73 millones efectivos del jueves hasta los anémicos $ 31 millones del viernes.
En tal caso, no alcanza para simplemente emparentarlo con variantes del exterior, porque si ello es útil en cuanto a explicar variantes de índice, no sirve para encontrarle la razón a la contracción de negocios. En panorama más amplio, puede decirse que en tal rueda el propio «volumen general» se viera en arrugue de dineros.
En una mirada periférica, dentro del ámbito doméstico, los operativos llevados adelante en la plaza cambiaria. La orden de negocios «rigurosamente vigilados» puede haber sido motivo de incertidumbre y de temores. Pero se debe agregar la prohibición para que empresas de control externo puedan girar divisas de sus dividendos (resulta un asunto que le cae plenamente a la bursátil).
La inquietud suele resultar el mayor paralizante para el mercado de riesgo, que recién en la última rueda semanal dio señales de estar percibiendo los efectos.
Demanda que se hizo presente en días anteriores, velozmente desaparecida en la fecha de remate. Y un esfuerzo de la oferta para tener que adecuar «las sardinas al tamaño de la lata», levantando muchas órdenes que tenían destino de caer en un vacío (y generar baja más profunda).
Así y todo, el período dejó el 8,5% de restroceso y muy lejos de los demás referentes (más de cuatro veces lo bajado por el Dow Jones), unas seis veces lo perdido por el sobrio Bovespa.
Nada quedó a salvo de la pugna del viernes: comunión de bajas e iliquidez, rueda para ir al cesto. Hoy, todos alertas desde el inicio.
Fascinante...


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