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Cupones bursátiles
Todo es igual, nada es mejor, resuenan los versos de «cambalache» en un mundo donde el vértigo detrás de unos focos de atención, hacen que muchas veces no reparemos en otras cuestiones de relevancia. Entre ellas, será cuestión de seguirlo de cerca, surgió en ruedas pasadas una evidencia: que las fuerzas del mercado, buscando anticuerpos desde que estalló la crisis, están dejando casi sin importancia alguna las que son rebajas de «calificaciones». Que aplican las renombradas consultoras a las deudas soberanas, e inclusive a las bancas privadas, de los países.
Haga memoria el lector, sin tener que remitirse demasiado tiempo atrás, qué sucedía cuando aparecía el rumor de que una entidad podía estar implementando un rebaja de calificación.
Eso y que a los papeles de ese país los «velaran de parado» era todo uno. La debacle, el inmediato ataque vendedor y los desplomes sin remedio.
Si el lector lo recordó ya y lo relaciona con varias noticias de febrero al respecto, hubo degradaciones de calificación en todas direcciones, junto con los efectos que tuvieron sobre los índices globales -incluidos los de los países involucrados- encontrará que los perjuicios han sido mínimos.
Esto bien puede también asimilarse a que, en función de los problemas seguidos y casi permanentes, más el racimo de rebajas a casi todos, haya producido el más ansiado de los anticuerpos por parte, en especial, de los gobernantes. Que ya los proyectiles venidos de tal dirección, no puedan perforar el cuero de los mercados. Y, también, que los imaginativos y artísticos «hacedores de imagen», que trabajan desde los escritorios enviando mensajes a la comunidad operadora, hayan evitado hacer hincapié en tales novedades, o dándoles el calibre de cualquier ratio menor que aparece.
En definitiva, el ser humano es un animal que termina por acostumbrarse a todo. Y ver bajas de calificaciones ya no significa que los papeles se derrumben. Un modo de aceptar la miseria y el descenso: con normalidad. Fascinante.


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