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Cupones bursátiles
Lo de mayo, en nuestros lares, contuvo la «pócima mágica» de ver surgir una corriente tomadora, cuando nada del contexto lo hacía prever. Salvo que el sensacional repunte de la semana pasada haya estado en línea con lo sucedido en el dólar «paralelo».
Algo de tela para cortar, basándose tal argumento en que el precio de los capitales accionarios -en tal cotejo con el dólar «cuevero»- estaría marcando un descender pronunciado. Acaso un detonador para remarcar el concepto de lo «barato» de nuestros papeles cotizantes. Salvo lo mencionado, es imposible hallar incentivos que hayan surgido. Con el exterior enviando flacas señales y sin que el contexto doméstico poseyera alguna noticia para desatar: ansias compradoras. Primero con muy escasos volúmenes, $ 25 millones, después ampliando tales montos hasta sumas más decorosas. Y con la oferta manteniéndose inelástica, rígida en la entrega de posiciones, aunque se pudieran tomar utilidades prontas. Recorriendo balances ingresados, es difícil encontrar en ellos estímulos importantes para promover el cambio, que se pudo observar en la tónica del mercado. (Decimos tónica, porque para que resulte tendencia, la mejora debe mantenerse en el tiempo.) La alegoría, sobre el misterioso movimiento, sería que: en la Bolsa se pudieron cerrar los paraguas; la lluvia vendedora se detuvo. Pero todavía persisten las nubes. Claramente se plasmó un repunte, con diferencias más que atractivas, que ahora estarán a prueba: durante el remate de mes.


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