En tren de seguir esquivando una «corrección» y un sinceramiento de los índices bursátiles globales -respecto de las situaciones económicas- los recursos, las estratagemas, para eludirlo vuelven a recorrer los mismos instrumentos. Que podrían considerarse como bastante mellados, por su uso y abuso, pero que continúan prestando servicios. Al menos para que los que se encargan de surtir a los operadores, de novedades y opiniones, recurran a ellos una y otra vez. Así, una rueda que venía también cantada de antemano, en contra, como la del miércoles: cambió de signo y cortó la secuencia negativa que la precedía. ¿El argumento que se usó de estandarte?... decir que números de ciertos balances -en ámbitos del Dow Jones- habían logrado el efecto de levantar los ánimos. De lo que también se sirvieron los demás, europeos incluidos, en una jornada donde la situación caótica en aquella región se hizo todavía más densa. Porque ya surgió el nombre de Francia, haciendo un frente común con España e Italia, reclamando por ayudas para tales economías. En tal caso, una noticia que era como un nuevo lastre y en lo que hace a la tendencia madre y que fue soslayada, diluida, por lo pueril de afirmarse en algunos números individuales empresarios. En tal comentario sobre el miércoles, titulamos con: «Apareció la mano de Dios...». Ya como para tomar en broma las cosas que hay digerir hoy en día, donde en función de proteger a los indicadores y falsear su dirección: cada vez se pierde más seriedad. De todas formas, el efecto se logró, y el miércoles todos pudieron dibujar un pequeño rebote de las bajas previas. Las disquisiciones dan para cualquier hipótesis, en un mundo de simulaciones y poca seriedad, como para poder desconfiar de los estados contables que se invocan como buenos, y qué parte de contabilidad «imaginativa» puedan contener. Porque periódicamente se ponen en superficie casos que explotan porque ya no hay modo de encubrirlos (bancos y afines), pero que dejan serias dudas acerca de la rigidez de controles que se les están aplicando. Y no en países de tercer orden, sino en Estados Unidos, o en Europa. Las grandes carteras, casi las únicas que quedaron, junto con la escasa base de negocios, están moldeando una zona del historial bursátil, como no se veía desde aquellos viejos mercados, salvajes, sin regulaciones, que nos muestran los libros de antaño. Penoso.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario