Hoy en día, los datos que se difunden en Estados Unidos, sobre su economía y sociedad, están puestos en duda. Pero, una nota que reproduce Clarín, proveniente del New York Times (y vale citar la fuente), alarma mucho más. Porque expone que las argucias y las trampas todo lo invaden, inclusive en concursos de pesca (donde en el afán desesperado por ganar se falsean medidas del largo del pescado. O se lo ayuda a poseer más peso). Alumnos que no tienen ningún problema en tratar de engañar con sus exámenes, con pueriles argumentos. Pasar de tales ejemplos a los que representan grandes intereses, como la actividad financiera o bursátil, pone los pelos de punta. Siempre con los delincuentes de Goldman Sachs a la cabeza, que sigue vigente tras abonar una multa de u$s 559 millones (por engañar a inversores con las hipotecas), de allí hacia abajo todo es posible. La peor secuela de estos años de crisis es que «todo vale» y que nadie se sonroja por cometer un desvío con tal de salvar su lugar en la competencia. Se lo ve también asiduamente en el deporte, donde la película «Carrozas de fuego» queda como si fuera un cuento de hadas («el triunfo sin gloria de nada vale...»). Nosotros, desde nuestro lejano lugar de observadores, nos permitimos a diario poner en duda la dirección que toman los índices basados en argumentos que son solamente extraídos de ratios menores, o hasta imaginarios, llegando a utilizar con doble finalidad -bueno y malo- ciertos hechos que provienen de las economías. El mentir, o simular, se han instalado como moneda corriente. Un escenario cruel para el común de los inversores clásicos, que aprendieron a moverse en escenarios donde hasta los que resultaban grandes «bribones» poseían algún marco y normas éticas que no transgredían. El mundo se pregunta cuándo se saldrá de esta crisis, pero habría que preguntarse qué es lo que quedará detrás de ella. Hacia qué tipo de reglas, de las no escritas, se han venido habituando los participantes y cuando es posible seguir viendo que los autores de grandes estafas y desvíos están en sus puestos y hasta más fortalecidos que antes. Y de qué modo se ilustrarán los nuevos participantes, hechos en medio de esta época de falsos valores y de buscarles todos los resquicios a «regulaciones» que no son tales, porque las causas principales del desastre están inamovibles.
(Hoy se inicia otra semana y volveremos a comer del mismo plato de inconsistencias, que preparan otros).
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