14 de diciembre 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Cómo es que un mercado que yace en la horizontalidad, carente de vocación, huérfano de negocios, de pronto se levanta y avanza como si lo llevara el viento. Solamente por las suyas, ni siquiera englobado en una tendencia internacional. En especial, cuando no median novedades de orden doméstico -relevantes- capaces de actuar de catapultas para ello. Los que tengan la respuesta podrán dar fundamentos a las recientes ruedas de nuestro recinto, que atropellaron en precios -mucho más en volumen- de un viernes para un lunes, y que desde allí cada vez superaron lo anterior. Una especie de «sprint navideño», que siempre formó parte de la cultura de Wall Street y alentada por los «bonus» que se prodigan a los administradores de carteras, pero que en nuestro medio no cuenta con ningún pasado tan especial. A la manera de las que -en su momento- denominamos como «semanas mágicas del Merval, lo que se viera en estos días fue una remake de aquéllas. A tal punto que se pasó como un rayo por dos fronteras consecutivas, de los 2.900 y los 2.600 puntos, con montos negociados que partiendo de algo más de los $ 20 millones lo triplicaron en la rueda del miércoles pasado.

Decíamos, en comentario sobre el día, que a todas las carteras involucradas seguramente les importaba mucho poder acusar menos desamparo que lo que venía a lo largo de 2012. Gran parte del ejercicio siendo uno de los tres únicos índices globales con pérdidas, de tipo nominal -que con nuestra inflación, pasado a términos reales resultaba una masacre-, el interés en la mejora igualaba a todos los inversores. Claro que hay distintos calibres de carteras, como también diversos compromisos por mostrar resultados. Están las de orden particular, privada, que no deben dar cuentas a nadie. Las que son carteras de difusión pública, inclusive las que revistan como institucionales y donde los saldos de los activos alientan, o deprimen, un balance de gestión. El súbito ataque de demanda, llevando a montos de $ 64 millones -el miércoles- y barriendo con toda oferta, para seguir hacia arriba, fue una suerte de avanzada solitaria del Merval porque en el mundo se transitó por una rueda muy mortecina en diferencias. Con ello, el Merval no sólo salió del negativo, sino que vino sumando para la cuenta actual.

Hallar esas razones estimulantes se hace muy dificultoso. La única razón pareció ser el color del dinero. De dónde vino es el gran misterio. Y el porqué queda a criterio del lector.

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