Así se resuelve todo en estos días. Movimientos que duran un lapso corto, olas que vienen y olas que van. Nadie puede, si de esto ha aprendido algo, imaginar que una verdadera tendencia surja por cuestiones del momento. Por ciertas necesidades de las carteras mayores, o porque algún asunto menor haya impulsado a los activos que eran despreciados a ser febrilmente buscados. Para ello debe existir un contexto que le de forma, cuestiones de fondo bien resueltas (llámese ahora, en el concierto global, el caso del «abismo fiscal»). Situaciones apropiadas para que se produzca una «bisagra» en un gráfico, o un estado de verdaderos «precios viles» en los mercados, que llamen -por sí solos- a la demanda. Todo lo demás, es atar movimientos con alambre, ver hasta donde llegan y tratar de sacarles el mayor rédito posible. Un Merval en los «900» puntos, que nos impulsó a una nota especial para advertirlo, podía ser juzgado de precios «de liquidación» (en pleno estallido de la crisis). Un Merval en los «2.800» puntos -lo sentimos mucho por los que abonan otra hipótesis- no nos parecen que están en tal franja dramática. Lo decimos desde el conocer, día por día, estados contables que en una medida mínima pueden mostrar floreceres de utilidades y crecimientos. También, desde comprobar que en el país se instalan medidas que podrán ser defendidas desde otros ángulos, pero seguramente que no son «imanes» de atracción para un mercado de riesgo.
Y el mundo... qué se puede decir de un mundo que se debate entre europeos que tratan de subirse a «algo» que transcurra en otras partes -China, Estados Unidos- y que no tienen ni idea acerca de sus soluciones. Con el principal país del mundo que está viendo de qué manera colocarle un parche a su «abismo fiscal». Los mercados, nos parece, están demasiado bien terminando el 2012, en virtud de lo que tienen que asumir de economías y política, que no dan ningún horizonte claro, para saber a qué atenerse. Y todavía navegando en medio de aguas críticas, donde no se avizora costa alguna. Lo del Merval y sus arrebatos de diciembre, plenamente «dirigistas», es para disfrutarlo.
Ninguna motivación racional podía hacer prever el desarrollo de varias ruedas donde se recuperó tanto terreno. No debió extrañar demasiado que un viernes todo decayera. Se subió sin musculatura, expuesto a ser vulnerable. (Felicidad a quienes lo aprovecharon.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario