Una especie de semana «serrucho» para lo bursátil, donde se partió con un lunes donde Wall Street no trabajó y condicionó el ritmo global. Y nosotros hoy caímos en uno de los tantos feriados que actualmente pueblan el calendario, con fechas nunca antes marcadas. Así, se da un camino con arranques y frenazos, con aquello que queda entre los dos dientes del serrucho: también son ruedas condicionadas. Porque si algo esencial necesita la bursátil -más allá de sus variaciones de precios-, es que se sostenga un ritmo sin baches en el medio. Lo que alcanzó a verse el lunes fue un mercado que prosiguió en la «depuración» que vino con febrero (ya hemos repasado, días antes, que no se trata de un «mes amigo» para la Bolsa local, en los últimos años) y que en el exterior tampoco hubo buena onda para los índices de riesgo. Tal vez la diferencia fue que el Merval cayó casi al 1%, algo más que el promedio del mundo. Y el dato más destacado de la baja fue que casi todas las líderes del Merval mayor -salvo tres- debieron asumir negativos (con varias, en términos mucho más amplios que el índice en sí). Ergo, se abrieron puertas de salida a través de las más líquidas, donde se gestó el movimiento bimensual, de fuertes utilidades. Y para una fecha donde Nueva York no actuaba, los $ 28 millones hechos en acciones fueron más que importantes, mostrando -además- que las órdenes de oferta provenían en gran medida de carteras autóctonas. Después de la primera semana, con más del 7% de pérdida, lo que siguió se pareció al sistema de «goteo» con el que regulan (seguramente, allá también con «manos amigas») los descensos en el Dow Jones. Pero la gotita de agua termina por horadar la piedra y el acumularse pequeños retrocesos, continuados, culminan en dejar un buen orificio.
De una euforia que, en largos pasajes, resultaba desmedida y llevó al Merval a mirar a todos desde muy arriba, en febrero lo que surgió fue una sensación de «desencanto» (como sobrevino en plazas de las de «energía», con demanda que parecía muy jugada a un aumento tarifario). Así como súbitamente irrumpió la medida del «congelamiento», lo que se congeló en la Bolsa fue el ímpetu y la audacia en seguir trepando. Otra relación «causa-efecto», como la que existió con el dólar paralelo, demasiado evidente en sus consecuencias como para ignorarlo.
Ahora faltan dos ruedas: ¿seguirá el frío?
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