7 de mayo 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

Nadie puede discutir que la relación dólar-acciones, estas últimas siendo el "bien sustituto" (hoy más que nunca, porque no existen otros tentadores sustitutos entre alternativas que no sean bienes -como autos-, salvo alguna variedad en bonos), es real y está vigente.

A lo largo del historial bursátil local -casi 160 años- tal relación no es un clásico de siempre. Hasta antes de 1875, el dólar actuaba como un enemigo letal, tal como las tasas de interés -la renta fija, cuando es atractiva-, que sí constituyeron enemigos eternos de lo bursátil. Antes de tal zona de mediados de los 70, los inversores vendían los papeles y compraban dólares. Ocasión no desperdiciada por los grupos de control de las empresas que iban aspirando sus acciones, por monedas de dólar, ante lo que realmente eran precios "viles" de los títulos que representaban activos reales (empresas en marcha, valores contables muy arriba de las cotizaciones).

A partir de allí, fue cambiando la actitud de los poseedores de acciones, haciendo que los papeles bursátiles siguieran un camino primero paralelo al dólar para, inclusive, llegar a superarlo. El tema es hasta qué punto se pueden sostener la relación y el ritmo de marcha siguiendo al billete verde. Y con una brecha semejante, camino a duplicar el paralelo al oficial, si no es demasiado forzar las valuaciones quedándose solamente con uno de los extremos. Obviamente, el más alto, como se lo parece percibir. También hay un contexto básico, con plena vigencia actual, que hasta antes de la "globalización" no existía: ese conjunto de títulos, la médula de nuestro listado accionario, que poseen doble cotización con Nueva York. Y de qué modo se acentúan negocios en tales nombres, sin importar casi nada las condiciones intrínsecas de las acciones, de sus empresas y sus estados. De tal forma, se genera una corriente que toma posiciones en títulos de dentro o fuera del Merval (aplicando el concepto de la "capitalización" en dólares paralelos). Y otra que solamente utiliza a los de esa otra condición, de ser exportables y convertirse de acción a moneda.

A todo esto, el Merval accedió, en un momento para nada cómodo de la economía, a quebrar una marca histórica y, a partir de allí, seguir cobrando altura como para pasar los 4.000 puntos. Es un vértigo, fogoneado por estímulos diversos, que no se tiene claro donde terminará.

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