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Cupones bursátiles
En el curso de abril, súbitamente dio aviso a la entidad de que partiría: al ser contratada por Goldman Sachs (también para tal tipo de especialidad). Lo que estalló en lo que parecía un simple pase de trabajo, en procura de ir trepando en la escala ejecutiva, fue que la firma original la acusó de "espionaje y robo de información". La muchacha había descargado mucha información de alto valor para la competencia, desde computadoras de Credit Suisse, a su cuenta personal. Suponer hacia dónde se dirigía tan valioso cargamento informático no resulta muy utópico: hacia sus nuevos empleadores, la cueva de piratas de Goldman Sachs. Noticias de tal catadura, ética y moral son habituales en torno a esa entidad de inversiones que viene acuñando tropelías, desde mucho tiempo hasta esta parte. Y lo más fascinante es que parece que nunca les cabe una sanción a fondo. En este caso, es casi un hecho que ellos se manifiesten al margen de lo realizado por la joven operadora: que deberá afrontar su destino. En todo caso, quedará como otra muestra de quienes suben demasiado rápido y arriesgando todo: en una sola vuelta. Otras veces lo apuntamos y en lo que resulta el daño mayor: muchos de altos ejecutivos que han cubierto -y todavía cubren- cargos de gran incidencia, en los gobiernos europeos: fueron formados en Goldman Sachs.
En medio del festival de "récords", que no se detiene en Wall Street, el trasfondo sigue siendo siempre el mismo: los depredadores que llevaron a varias crisis, rematando con la última que fue otra "Gran Crisis" en la historia, prosiguen dentro de sus mismos principios y con gran campo de acción. Modo de buscar que nada cambie en la cocina del negocio, con los gobiernos teniendo que salir a cubrir los inmensos cráteres que origina. Todo es igual, nada mejor.


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