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Cupones bursátiles
El ingreso de un nuevo competidor -los nuevos "bonos" presentados- colocado como una cuña, entre dólar paralelo y acciones, produjo todo un desbarajuste: sacó a los actores de un "libreto" que se tenía perfectamente memorizado. Después, la salida intempestiva de ciertos jugadores de fuste derramó el temor en todas las otras capas inversoras.
Cuando era estimable que podían ser las tasas de interés las que salieran al ruedo, a combatir y quebrar con tal guión que se repetía a lo largo del año: lo aparecido fue como un "meteoro", indudablemente bien guardado y sin filtraciones, que produjo cierto cráter en la superficie de la Bolsa, una vez hecho el impacto.
Ningún papel de los líderes pudo ensayar una defensa, la oferta no respetó pelos ni marcas: y desde Aluar hasta YPF la nómina principal del sistema fue atacada de modo implacable.
Queda en la imaginación suponer dónde podía haber llegado el Merval, tras vulnerar los 4.000 puntos con suma facilidad. Eso, ahora, no es prioridad para toda mente bursátil con posiciones, sino el gran suspenso desde la misma tarde de hoy, para ver dónde se vuelve a pisar terreno firme. Y si es que esto afectó nada más que la corteza del índice, o si el daño se profundiza.
Es indudable que el factor sorpresa jugó un papel en el escenario, sobre la sensibilidad natural que poseen los activos de riesgo, que suele ser distinto cuando resultan novedades que primero se van manejando -y descontando- a través de versiones y rumores. Esto tomó al mercado en plena trepada, donde nada parecía inquietarlo, con el índice en terreno de cifras inéditas en su historial: y había bastante "gordura" del año, para poder ser descremada.
Una dualidad indigesta, con la especie anunciada que dará mucha tela para cortar, hasta que se implemente y entre el circuito de lleno. Lo que supone aguas turbulentas y -seguramente- la procura de, al menos, obturar el orificio de las bajas graves. Suspenso.


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