"Las acciones en EE.UU. operan en descenso, después de que los bienes duraderos registraron su mayor caída -en casi un año- en julio. Y una medición del gasto planeado por las empresas, en bienes de capital, se desplomó, proyectando una sombra sobre la economía a comienzos del tercer trimestre...". Dimos textual el informe que se difundió el lunes acerca de la principal economía del mundo. Existen en esos párrafos aristas muy salientes, filosas, palabras terminantes en las descripciones. Hablar de "mayor caída en un año" y testimoniado por los pedidos de "bienes duraderos, que bajaron un 7,3 por ciento, desde aeronaves hasta computadoras y equipamientos de defensa". Esto tanto incluye la compra de una simple tostadora, por parte de la demanda común, como algún bien mucho más especial y exclusivo. Pues bien, con tales datos en la mesa de los mercados, el Dow Jones sólo bajo el 0,4 por ciento. Y es fácil suponer que ante cualquier número menor, trivial, que surja de inmediato -para compensar-, la baja se salde y todo vuelva al curso. Un clavo saca otro clavo, como en el viejo refrán, para volver a instalar que el mundo ha salido de la crisis. Es ya fascinante ver de qué manera los estímulos de alto impacto consiguen ser derretidos al llegar al fuselaje de los índices de Bolsa. Ya para la rueda anterior, había surgido como la noticia del reemplazo del más alto ejecutivo de una empresa -Microsoft-, como si se tratara de una gran buena nueva para todo el mercado. Tal tipo de cuestiones de lo que quita cualquier aplicación de raciocinio para encarar la inversión actual. Y lleva a pensar -como propiedad- que los mercados actúan en un ambiente enquistado, cada vez más impermeables a lo que sucede con aquellos naturales emisores de guías de la tendencia: la política y la economía.
Hoy en día, se ven causas reales que hasta hace no tantos años producían efectos pronunciados, acordes con el calibre de las éstas, que quedan "planchadas" y desactivadas por quienes gobiernan la dirección de los índices. Nuestro medio no está tampoco alejado de tal nuevo formato; pensar en la reacción ante el fallo de Nueva York (y sus duros considerandos respecto del país) era capaz de originar una brecha negativa de cierta magnitud. Sin embargo, pasó casi inadvertido en el movimiento del índice local. Disculpe el lector, acaso nos desconciertan reacciones que hoy son "normales".
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