En un mundo sumamente revuelto, donde se mezclan las economías y sus penurias, las finanzas y sus riesgos cambiarios, lo bursátil y su capacidad de adaptación a todo cambio de vientos el Merval confirmó ser el "pescador" más afortunado. Disputando palmo a palmo, descontando de a poco. La ventaja que llevaba el Nikkei, su propia aceleración y los súbitos declives del indicador japonés, lograron que el índice de Buenos Aires encabece el "ranking" de 2013 con total holgura. Y agosto, un mes de mucha historia contraria para el Merval (inclusive funesta, en cuanto a cortar grandes ciclos alcistas) resultó la "gran palanca" para atacar la cumbre y dejando regias utilidades. A tal punto fue la noche y el día -frente al Nikkei- que mientras el de Japón llegó a una rueda del final con pérdida del 2,5% el conjunto líder de Buenos Aires fue el único con ganancia de dos dígitos y de proporción superlativa rozando el 17% y aportante de casi la mitad, lo acumulado en 2013. La Bolsa de la Argentina que estuvo ahí nomás de fijar un 40% de rendimiento, para ocho meses de labor, a lo que cuesta encontrarle el andamiaje claro y razonable para semejante producción.
El índice de Shanghái -algo más del 5%- y el Bovespa que recuperó cerca del 3,5% de su mala cuenta anual, fueron los otros dos de agosto mostrando utilidades.
Una enorme distancia con lo hecho por el Merval, brillando en un período que fue de plena oscuridad, para la gran mayoría de los mercados. Y dentro de un contexto nativo que -sabemos- no está para nada armonioso, con escapadas del dólar marginal, autoridades que deben emplear amenazas, o ciertas estrategias poco ortodoxas, para contener el peligro cambiario. Economía con evidentes frenos en muchos sectores, empresas que deben lidiar con permanente aumento de costos y de las erogaciones financieras. La última inquietud, que se mantuvo hasta unos días atrás, pudo ser disipada dejando fuera del gravamen las acciones a las que son cotizantes en Bolsa.
Seguramente que el inversor, que está contando las suculentas ganancias, no tiene ningún interés en ver si lo conseguido por el Merval tiene justificación con lo que lo rodea. Aunque siempre una política sabia es la de preservar parte del dinero ganado, sin arriesgar a que se rompa el saco. Agosto se fue con olor a pólvora desde Siria: el nue-vo picante.
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